martes, 28 de febrero de 2012

FITNESS

Había sangre sobre su almohada. No estaba muy seca lo que la hizo alarmarse y  tocarse afanosamente la cara. No había ninguna señal de heridas. Se levantó aún somnolienta y caminó sin fijarse hasta el baño. Se tropezó con un cojín justo antes de llegar al baño –¡hijueputa! – exclamó. Encendió la luz y examinó su rostro reflejado en el espejo. Nada. ¿ De dónde salió la sangre? Abrió su boca y descubrió que tenía una herida en su lengua. Se la había mordido dormida. Se enjuagó la boca, empezó a sentir el sabor hierroso de la sangre. Decidió usar enjuague bucal. –Mierda- gritó cuando el líquido hizo contacto con las papilas lesionadas. Se devolvió a la cama. Miró el reloj del nochero. Tres y treinta y seis. Tenía que levantarse a las cinco. Tiró contra el closet la almohada manchada y trató de abandonarse de nuevo en los brazos de Morfeo. No podía dormir ¿ Por qué se había mordido la lengua? Trató de hacer memoria, casi nunca se acordaba de sus sueños. Encendió el televisor. Dejó su dedo pulgar clavado en los botones para cambiar canales. No había nada bueno, 80 canales y nada que ver. Levantó su dedo. En la pantalla de 21 pulgadas se anunciaba el último producto natural para adelgazar. Abrió más sus ojos. Se sentó en la cama. Ahora lo recordaba. Se había soñado comiendo. Se había mordido la lengua creyendo que era un suculento trozo de carne. Se sonrió. Se dejó caer en la cama. Se volteó sobre la almohada y se dijo para sí:
- ¡Ah! Que se jodan. No voy a hacer más dieta.-
Apagó la televisión y mientras se dormía sonriendo se empezó a imaginar se próximo desayuno.

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