miércoles, 27 de diciembre de 2023

ICE ICE BABY

Uno no entiende los dichos de las abuelas, hasta que la vida se encarga de ejemplificarlos. 

Esta es la historia de Aura Yulieth, una mujer sencilla, trabajadora y luchadora. Enviudó muy joven, porqué se casó muy joven y fue mamá muy joven. Ahora cuando ya está cerca de celebrar los cuarenta, la vida parece que se le ha complicado. Hacerse cargo de sus dos hijos ha sido su mayor responsabilidad, motivación y limitante. En la empresa en la que trabaja está estancada en la misma posición hace ya un par de años pues no quiere desacomodar a sus hijos. Y aunque gana, como profesional, ya el sueldo no le alcanza como antes y menos cuando el bienestar de sus ya adolescentes retoños cada vez demanda más y más gastos. Necesitaba un aumento o en su defecto un trabajo extra. 

Esa tarde, después de salir del trabajo, decidió hacer tiempo en el centro comercial, mientras era hora de recoger al mayor en sus clases de informática. Mientras caminaba desinterasada por los brillantes pasillos del lugar, se encontró con Lizeth, una ex-compañera del trabajo que hace un par de meses renunció para montar su propio negocio La notó cambiada. Se saludaron y dicidieron tomar algo juntas. La charla tuvo como tema central la nueva vida de Lizeth. Lo del negocio propio era y no era verdad. Aquella secretaria timida y diligente, si había renunciado para emprender, pero no en lo que ordinariamente se pensaba. Ahora estaba dedicada a ser creadora de contenido para adultos. La idea se la dió una prima de ella que vive en España. Ella empezó como modelo webcam, pero luego se dió cuenta que era más lucrativo grabar videos o hacer transmisiones en vivo y venderlas en onlyfans. A Lizeth la idea la escandalizó al principio, al igual que a Aura Yulieth, quien seguía el relato sin interrumpir. Pero, como la necesidad tiene cara de perro, apenas vio las pruebas con extractos bancarios en mano de lo que se estaba ganando su prima, decidió probar. 

- La cosa no es tan complicada amiga. Lo más difícil es perder el miedo, pero yo empecé usando un antifaz que me ayudaba a no sentirme tan expuesta. Yo seguí los consejos de mi prima, y ponía a grabar cuando me iba a cambiar de ropa, cuando me iba a empijamar, cuando me iba a duchar.-

- Y, quién la veía?-

- Pues yo hice como tres videos primero, mi prima me ayudó a editarlos. Montamos una partecita gratis y si querían verlos completos tenían que pagar. En esos no me desnudé solo ropa interior. Y aunque gané algo no fue mucho. Ya luego mi prima me dijo que me acordara que lo que no se muestra no se vende y pues ahi si hice otros mostrando más y gane más.

- Uy amiga, muy arriesgada, yo no sería capaz.

- Eso dice uno gorda, pero apenas empieza uno a pagar deudas y a ver que si se vive mejor deja la bobada. Yo grabo tres días y hago transmisiones en vivo dos veces a la semana y con eso me estoy ganando a la semana casi cinco veces de lo que me ganaba en la empresa en un mes.

- Ay no mija! 

- Y si uno se pone a ver, es hasta más seguro que andar acostándose con el uno y con el otro o dejándose acosar de esos viejos verdes de la oficina, así como Don Fabio, que me decía: ¨Mi amor cuando quiera poner a producir la minita de oro que tiene entre sus piernas me avisa.¨

- Don Fabio, el de la empacadora? No pero quien se lo imaginaría.

- Asi es gorda, ahi le dejo la inquietud y vea anote mi teléfono que si se anima yo le ayudo.

Después del encuentro Aura Yulieth no dejó de pensar en las historias de su amiga y hasta empezó a contemplar que no era tan mala idea la propuesta. Cuando ya estaba lista para irse a dormir, su hija entró como endemoniada a la habitación para reclamarle por qué no había pagado los derechos para su paseo de fin de año con los del salón. Acto seguido se puso a llorar sentada en la cama. Su llanto era una mezcla entre rabia e impotencia. 

- Yo nunca le pido nada, y lo único que le pido no me lo da?

- Y quién dijo que no se lo voy a dar, hasta mañana hay plazo para pagar.

- Pues si espero hasta el último día es porque no hay con que como siempre.

- Y como siempre de alguna parte sale, Dios aprieta pero no ahorca.

La jovencita se levantó sin decir nada aún con lágrimas en su rostro, dejando a Aura Yulieth con su cabeza trabajando al máximo para ver de donde iba a reventar ese dinero que necesitaba. Pasó gran parte de la noche en vela hasta que la venció el sueño. Al otro día a primera hora, le mandó en mensaje de texto a Lizeth pidiéndole la plata prestada. Lizeth no sólo le dijo que si, si no que además le tenía una propuesta. Acordaron encontrarse en el mismo lugar del día anterior. 

Su jornada laboral se le hizo eterna, no veía la hora de salir para poder encontrarse con su amiga, para poder reponer el dinero que ya había sacado de otro lado para pagar el viaje de su hija. 

- Gorda, tómelo como un regalo. Usted siempre fue muy buena amiga conmigo y digamos que es una forma de agradecerle.

- No mija, como se le ocurre, yo apenas pueda le pago, que pena con usted. Aunque yo ahora le deba una vela a cada santo, de a poquitos me pongo al día.

- Por eso mismo, gorda. Recíbame este regalo y acépteme la propuesta. Vea las oportunidades se presentan calvas. Y le pasó un bolsa.

- Qué es eso? Yo no estoy de cumpleaños.

- En esa bolsa, gorda, está todo lo que necesita para que empiece el negocio y tenga con que pagarle a tanto santo. Lo único que necesita es una buena conexión a internet y listo. Ahi va una tableta que yo ya no uso, un aro de luz para mejorar los videos, un teclado y un mouse inalámbrico y un tripode para que monte la tableta y pueda ponerla enfocándose usted misma y asi grabe mejor. Ya mismo le voy a textear dos enlaces para que abra sus cuentas una en onlyfans y la otra en un sitio de webcam caseras.

- Queeee! No no no. Yo no soy capaz de eso! Usted está loca mija.

- Vea gorda, yo no creo en las casualidades, si usted y yo nos encontramos ayer fue por algo. O me va a negar que usted desde hace rato anda buscando como hacer dinerito extra? Pues bueno ahi tiene la respuesta del Universo.

- Será que si? Pero es que… ay no donde me pillen mis hijos?

- Fresca, eso no va a pasar, busque una hora en la que ya esten profundos y listo. Venga le enseño.

- Pues… bueno.

Esa noche, espero a que sus hijos se profundizaran y muy juiciosamente siguió todas las instrucciones de su amiga, para abrir las cuentas y configurar la tableta con los demás accesorios. Una vez terminó, texteo a su mentora como ella le había dicho. 

- Bueno gorda, ahora que comience el show. Vamos a hacer dos pruebas. La primera, un video para que luego lo pueda vender en onlyfans. La otra es para que ponga la cámara y haga un live asi como quedamos mientras se empijama a ver como le va y yo le digo como se ve.

- Ay no, mija yo mejor como que me arrepiento. 

- Nada de eso, póngase el antifaz que le di si quiere y hágale

Aura Yulieth siguió las instrucciones y su primer video no salió tan mal. Se puso el antifaz y se cambió su ropa de trabajo por una pijama poco sugestiva frente a la cámara de la tableta que estaba inmóvil en el tripode, haciendo las veces de una ventana que se abría para los contados voyeristas que disfrutaron verla en ropa interior por unos instantes. Luego recibió las observaciones de su amiga y quedaron en que repetirían la sesión en dos noches. 

Pasaron unas cuantas semanas, y ya Aura Yulieth tenía un buen grupo de seguidores, se había grabado un par de veces antes de ducharse y sus videos siempre la mostraban en los momentos en que se vestía o desvestía sin revelar mucho. Las ganancias no estaban siendo las esperadas, pero lo poco que recibía le estaba permitiendo no estar tan alcanzada al final de quincena. 

Lizeth, su mentora le seguía insistiendo en que si quería ver mejores ganancias, tenía que ser más atrevida y desnudarse. Le sugirió que hiciera la prueba tomándose fotos desnuda para luego vender un paquete en onlyfans. Aura Yulieth le hizo caso y quedó asombrada con el resultado. 

- Bueno gorda, ya no hay marcha atrás ya se dió cuenta lo que tanto le he dicho, asi que deje la bobada y a empelotarse que ahi es donde esta el billete.

Todo fue siendo progresivo, hasta que con el pasar de los días ya Aura Yulieth fácilmente se desnudaba para deleitar a sus seguidores. A ella le empezó a gustar su nueva faceta, se sentía especial, se sentía a gusto con su cuerpo. Incluso se trasnochaba a veces transmitiendo en vivo o llegaba tarde al trabajo en las mañanas. Las fotos y videos aunque no tenían ningún contenido sexual eran muy bien recibidos. 

Una noche calurosa, de esas que rara vez se ven en la ciudad, mientras Aura Yulieth transmitía en vivo sentada en su cama en ropa interior comiendo hielo. Uno de sus seguidores empezó a pedirle que porque no se ponía atrevida y en vez de comerse el hielo jugaba con él y así se le quitaba el calor. Aura Yulieth empezó a jugar con un trozo de hielo que tenía en su boca, y de inmediato empezó a recibir monedas y regalos de los seguidores que estaban conectados a su streaming. Tomó otro trozo de hielo y lo empezó a pasar por su cuello, sus pechos y además de refrescarse empezó a experimentar unas sensaciones nuevas que le gustaban y de algún modo la estaban llevando a desinhibirse. Las monedas, los regalos, los seguidores y los comentarios empezaron a crecer exponencialmente. Siguió jugando con los trozos de hielo por todo su cuerpo y ya el calor de la noche lo tenía internamente. Se fue excitando, su cuerpo estaba en modo sensualidad, sus caderas se movian espásmicamente de manera involuntaria, sus muslos se contraían. Sus pezones duros y anhelantes de sentir el hielo frio acariciándolos. Los seguidores seguían aumentando, las monedas y los regalos no paraban asi como ella tampoco. Recorría su vientre con el último trozo de hielo y fue dejándose llevar por esas ganas que la estaban consumiendo, sus pupilas dilatadas de placer, sus hormonas creando el coctel perfecto para un orgasmo. Su mano siguió la ruta que lleva al sur y llegó el hielo a su vágina. La cámara parecía estar disfrutando el espectáculo. Ya no era ella quien tenía el control del hielo, eran sus deseos, su apetito sexual reprimido, se entregó, renució a su voluntad y de pronto el hielo desapareció metiéndose entre sus paredes vaginales. Se oyó un gemido largo y agudo, los píxeles de la cámara eran pocos para reproducir la alta calidad del orgasmo, el streaming colapso. 

Desde aquella noche, Aura Yulieth era una modelo webcam viral. Sus seguidores superaron a los de Lizeth y la prima de España. Su emprendimiento era todo un éxito. Y como el que tenga tienda que la atienda, ella siempre dispuesta tenía todo listo para que cuando sus seguidores pusieran la clave en forma de imperativo, se abriera la ilimitada fuente de ingresos mientras el show se repite: “Ice, ice baby.” 


miércoles, 13 de enero de 2021

FRONTERA

Después de atender a su cliente, Mariangela se puso un velo rojo sobre su cuerpo desnudo y se fue alejando entre las cortinas que hacían las veces de puerta. Su cliente aún agitado disfrutó el espectáculo de esa sensual silueta caminando y diluyéndose entre las sombras.

Marcial lloraba mientras el agua caliente caía sobre su cuerpo. Sus manos estaban ampolladas y rajadas y sus rodillas hinchadas por las largas jornadas que tenía que soportar en el campo de construcción. Cerró los ojos mientras maldecía el momento en el que le propuso a Mariangela que iniciaran la travesía. Ella no estaba segura, pero él la convenció diciéndole que era mejor que la muerte los encontrara intentándolo y no resignados.

El viaje empezó a la madrugada, tomaron un colectivo hasta Ureña donde estaba el punto de encuentro. Alli los montaron a un bus de turismo y viajaron por cerca de diecinueve horas. Con ellos iban otras veinte personas. Hicieron transbordo en un pueblo donde aprovecharon para asearse un poco y comer algo. Llegaron ya de noche a Chigorodó y alli los esperaba otro “encargado”. Durmieron unas cuantas horas y de nuevo salieron de madrugada, con otro grupo como de quince personas, con rumbo a Unguia (un trayecto de sesenta y un kilómetros, más o menos trece horas caminando) y de ahi a enfrentarse al infierno de la selva del Darién panameño.

Entre el nuevo grupo se contaban cinco iraníes que llegaron por Ecuador. La caminata era recia y sin descanso. El guia iba a paso firme y siempre incitándolos a moverse. Como a eso del mediodía, pararon para descansar y fueron emboscados por una patrulla de paramilitares, pero para sorpresa de ellos los iraníes estaban armados y repelieron el ataque. Todo fue confusión. El guia resultó muerto y el grupo se dividió, unos corrieron sin rumbo asustados, otros se quedaron con los iraníes como por instinto. En total quedaron nueve. Mariangela y Marcial, una pareja de cubanos que promediaba los cincuenta y los cinco iraníes. Uno de ellos parecía ser El Rastreador y tomó la delantera para guiar el grupo. Mientras caminaban, el que parecía ser El Líder de los iraníes les dijo a las dos parejas que una vez llegaran a un lugar seguro se separarían. Ellos iban a continuar la travesía solos y no querían compañía.

Entrada la noche llegaron a Peye; allí se asearon y comieron algo para luego descansar un poco. Mientras comían Marcial se enteró que los iraníes venían huyendo y tenían petición por circular roja de la Interpol. Eran un grupo de militares de las fuerzas especiales. - Tenemos que seguir con ellos como sea- le dijo a Mariangela. La idea de los iraníes era pasar desapercibidos y asi poder llegar a USA sin problemas, pero después de lo ocurrido en la selva con los paramilitares las cosas cambiaron, ya no era seguro llegar a Unguia. El Líder pagó para tener acceso a un radio teléfono y así hacer algunos ajustes. Descansaron lo suficiente como para reiniciar el viaje y muy temprano abandonaron el caserio. Marcial pendiente de ellos, despertó a Mariangela para que los siguieran.

Habrían transcurrido unos treinta minutos de caminata, cuando uno de los iraníes cayó al suelo gritando. Había sido herido en el brazo por las ramas delgadas de un árbol. Los demás trataron de ayudarlo. Tenía laceraciones muy abiertas. El brazo se estaba inflamando y un gran hematoma se empezó a formar alrededor de las lesiones. - Me está quemando por dentro- decía. Sin saber que hacer trataron de lavarle las heridas con agua y fue peor. - No siento la mano- gritaba. -No disparen, no disparen- Gritó Marcial. Creo que podemos ayudarlos. Mariangela se acercó, tomó el brazo del hombre, lo examinó y les dijo: - Volteen todos la cara o cierren los ojos que ya se que hacer. Acto seguido se bajó los pantalones y los panties y orinó encima del brazo cubriendo las heridas. El hombre dejó de gritar.

- Por qué nos seguían?- Preguntó enojado El Líder. - Sólo queremos protección – dijo Marcial.

- Ya les dije que no queremos compañía-

- Pero nos deben una- dijo Mariangela.

El hombre guardó silencio mientras hacia señas para que ayudaran al herido y le hiceran alguna curación, pero Mariangela les dijo que no era necesario.

- Está bien, pero siguen mis órdenes y ustedes pagan lo de ustedes.

Siguieron el camino.

Mariangela dormía por ratos. No tenía horario de trabajo fijo. Sus servicios eran requiridos las veintecuatro horas. Día y noche el burdel tenía las puertas abiertas ya fuera para aquellos que tenían afán o para los que disponían de tiempo suficiente. Ella, una cubana y dos colombianas sobresalían entre las centroamericanas y mexicanas que se ofrecían como objetos sexuales. Para ella lo mejor era no tener noción del tiempo. Sólo cumplía con su trabajo con la esperanza de que pronto acabaría.

Marcial trabajaba de siete a cuatro todos los días, menos los Domingos, en el campo de construcción y de seis a diez de Lunes a Viernes haciendo limpieza de oficinas. Los Domigos trabajaba en un parqueadero de once a once. El proyecto inmoboliario en el que estaba trabajando era bastante grande como para contar con trabajo para todo el año pero aún así la paga no le alcanzaría para lo que necesitaba. Vivía con lo mínimo para ahorrar al máximo.

Una vez comenzaron a caminar, El Líder de los iraníes se acercó a Marcial para preguntarle si tenia el dinero suficiente para continuar. Según los cálculos que él había hecho cada uno tendría que pagar $5000 dólares para que los llevaran hasta Guatemala y luego otros $5000 dólares para que los movieran a México y de ahí cruzar la frontera por Arizona. Marcial guardó silencio mientras caminaba despacio. Miró hacia arriba y le respondió al Líder que si.

El nuevo destino era Bocas del Atrato (unas nueve o diez horas de camino) donde los esperaba un hombre que trabajaba para el nuevo contacto de los iraníes y quien recibiría la mitad del pago para llevarlos en lancha hasta Ustupu en Panamá. Los iraníes no hablaban mucho, sólo lo necesario. Cuando llegaron a Bocas del Atrato ya casi cayendo la tarde, el lanchero les dijo que tenían que esperar hasta la noche para salir. Les contó que los paramilitares hicieron correr la voz sobre los iraníes y que debían tener mucho cuidado. Estuvieron escondidos en un camión por unas cuantas horas hasta que llegó la hora de embarcar. El viaje en lancha no era muy largo. Iban acostados cubiertos con unas lonas de pesca por si la Guardia Costera los paraba. Lograron llegar sin contratiempos. Desembarcaron y allí los esperaba una camioneta Chevrolet Pick up del ochenta que los llevaría hasta la carretera 1 o Panamericana, donde tomaron un bus que luego de nueve horas de camino los dejaría en San Carlos.

Mientras los demás dormían, Marcial y El Líder seguían despiertos. El primero pensando en cómo iba a hacer para conseguir los $10000 dólares que le hacían falta para cuando llegaran a Guatemala. El segundo revisaba una y otra vez el plan para estar seguro que nada más saldría mal.

Pasadas unas cuatro horas de camino, el conductor anunció que había un retén más adelante. De inmediato El Líder despertó a los demás y se fue hasta donde el conductor para preguntarle si era un retén militar o de quien. El ayudante le respondió que era un retén paraco. - Detenga el bus- gritó el iraní. Acto seguido se bajaron y se perdieron entre los árboles. Tocaba improvisar. El Líder hizo una llamada desde un celular que le dio el hombre de la lancha para notificar, a quienes los esperaban en San Carlos, del retraso. Estuvieron un rato escondidos, mientras El Rastreador encontraba una ruta que les permitiera bordear el retén y salir a la carretera de nuevo. Caminaron bordeando el valle como unos cuarenta y cinco minutos hasta que El Rastreador señaló un punto donde se veían pasar carros. El Líder ordenó a dos de sus hombres que se adelantaran para ver si era seguro salir por ahi. El punto daba salida a una curva en la carretera, los hombres hicieron una señal para que continuaran. Una vez todos juntos El Líder le pidió a Marcial y a Mariangela que fueran ellos los que trataran de parar un bus o una camioneta. Luego de unos quince minutos seguían ahi parados. - El problema es que estamos en una curva y no se ve bien que viene- dijo Mariangela. - Vamos a caminar un poco para tener mejor visual, gritó Marcial para que los militares supieran. Estaban llegando al final de la curva cuando vieron venir un camión de estacas. Hicieron señales para que parara y disminuyó la velocidad pasando despacio en frente de ellos mientras que al mismo tiempo salían los iranies de entre los arbustos.

Los Algodones es un poblado en Baja California, México. En carro queda a más o menos entre quince y veinte minutos de Yuma en Arizona, tomando la Intestatal 8. Por ser fronterizo es un lugar donde se mezclan las culturas de lado y lado. Además de tener fama sus excelentes clínicas y servicios dentales, que aprovechan locales y turistas, también tienen fama los locales de servicios sexuales.

Aunque Marcial entró por Arizona no pudo quedarse en ese Estado debido a las persecuciones del sheriff Joe Arpaio. Siguiendo las recomendaciones de muchos llegó hasta Texas donde los inmigrantes recién llegados tienen más oportunidades de trabajar y no estar en riesgo de ser descubiertos.

El camión de estacas los llevó por toda la Panamericana hasta San Miguelito. Allí compraron unos tiquetes de autobus y siguieron su marcha hasta San Carlos. El contacto los estaba esperando en un restaurante llamado Terrazas del Mar. Después que El Líder se reuniera con el isleño y le diera la otra mitad del pago, se montaron en unos camperos y los llevaron a uno de los hoteles de la zona que es bien turística. Se asearon y descansaron. Marcial y Mariangela aprovecharon para tener sexo, necesitaban sentirse unidos y fuertes y renovar su compromiso en medio de tan loca aventura. Tenían que esperar la llamada del contacto, quien era uno de los guardaespaldas de un militar retirado panameño que le debía favores al Líder. El Mayor, era quien les había conseguido una nueva ruta y quien los ayudaría a llegar a la frontera con México. Aunque era un favor para El Líder, El Mayor se quedaría con el cuarenta por ciento de los primeros $5000 dólares. Irían por tierra desde San Carlos hasta Ocós, un viaje de unas treinta y dos horas sin parar. El mayor les facilitaría un camión con licencias militares que tenía una cabina refrigerada con doble fondo, equipado con bolsas para dormir y comida suficiente para no tener que parar sino al baño. Dos hombres con salvoconductos militares y los respectivos permisos para cruzar las fronteras de Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Guatemala serían los choferes. La llamada por fin se recibió casi a la media noche, en veinte minutos los recogerían en los camperos y luego los llevarían a unas bodegas donde estaba listo el camión.

Los iraníes hablaban muy poco, ni entre ellos sostenían una conversación por más de 20 minutos. El largo viaje lo utilizaron para dormir y jugar cartas por invitación de Marcial y Mariangela que no durmieron tanto. Marcial buscaba conversar a ratos con El Líder. Todo estaba yendo como lo habían planeado. Pararon al cuarto y a los tres cuartos de jornada sin mayores novedades. En las fronteras los dejaban pasar sin hacer muchas preguntas, eso sí siempre revisaban la cabina refrigerada que estaba cargada con comida de mar y bajo cero. En una de las partidas de cartas, el iraní herido por las ramas del árbol le dio las gracias a Mariangela y le preguntó cuál era el plan de ellos al llegar a Estados Unidos. Marcial le respondió que lo importante era poder llegar, porque asi fuera como fuera iban a estar mejor que en Venezuela.

Serían como las cinco y veintiuno de la mañana cuando el camión se detuvo. De inmediato se escuchó una gritería y luego unos disparos. El Líder empuño su arma y dio la señal de stand by a los demás. De pronto el camión se puso en movimiento. Algo ya no estaba saliendo como lo habían planeado. Unos treinta minutos más tarde, el camión se detuvo y se apagó la refrigeración de la cabina. Luego tres hombres subieron y empezaron a descargar las cajas. Estaban en Cuyotenango, Suchitepéquez. Una ciudad a dos horas de Ocós. El Líder no sabía que estaba pasando. Aparentemente el camión había sido asaltado por la mercancia y mientras no se supiera del doble fondo estaban a salvo. Una vez terminaron de bajar las cajas un hombre dio la orden de cargar el camión de nuevo, pero esta vez con una mercancia mucha más valiosa. La orden del Líder fue esperar y guardar silencio. Los nuevos dueños del camión era integrantes de la clica Crazy Gangsters, la más grande de la mara Barrio 18. Lo usarían para pasar armas y drogas hasta Mexicali, Baja California y de ahi a Los Angeles, California. Para El Líder la nueva situación no era del todo negativa. Al menos perseguían el mismo objetivo: llegar la frontera para pasar a USA. Entonces, le pidió al Rastreador que calculara cuantas horas de viaje tardaría la nueva ruta. Después de un rato le respondió:

- Cuarenta y cuatro horas, más o menos, sin parar. -Vamos a aguantar hasta donde más podamos entonces.- Ordenó el Lider. Para Marcial había sido un milagro, hasta ahora se estaba ahorrando los $10000 que no tenía.

Mariangela y Marcial llevaban ya siete años como pareja. Ambos titulados de la UCV con sede en Maracay. Sus vidas eran normales y ordinarias hasta que la crisis en Venezuela se hizo general y perdieron sus trabajos. Se fueron a vivir a Tachira para estar más cerca de la frontera y hacer la vida más llevadera. Una noche mientras estaban acostados en la cama, desnudos después de haber tenido sexo, Marcial pensó en voz alta: -Y si nos vamos para la USA?- Mariangela se sentó en la cama y respondió: A qué?- -Para huirle a la muerte, prefiero que si nos encuentra sea intentándolo y no resignados. Allá asi sea limpiando pisos vamos a estar mejor que acá.- Mariangela se acostó, lo abrazó y con los ojos cerrados le dijo: - Como tú quieras.-

En cuestión de tres meses Marcial hizo todas las diligencias para hacer posible el viaje. Consultando aqui y allá decidió que lo que económicamente más les convenía era la travesía por Panamá y Centroamérica. Unos primos suyos ya la habían hecho y lo pusieron en contacto con las agentes de viajes. Al mismo tiempo le enviaron a modo de préstamo todo el dinero suficiente para que no demorara más. Por su parte Mariangela se puso a preparar posiones y unguentos con plantas, arte que había aprendido por una tía curandera, para asi venderlos y recoger algo más.

Una noche lluviosa de Septiembre, Marcial se despertó sobresaltado. Estaba sudando. Parecía como poseído. Tiró las cobijas al piso y al mismo tiempo que desnudaba a Mariangela se le montaba encima. Ella entredormida se demoró en reaccionar. Cuando abrió bien los ojos Marcial la estaba penetrando con fuerza. El coito duró más de lo normal. Cuando terminaron, Mariangela se levantó se puso un velo rojo sobre el cuerpo y se fue caminando en puntillas hasta la ducha. Marcial tendido en la cama casi sin aire se deleitó viéndola alejarse.

Según El Líder con ellos en el camíón iban cinco hombres más. Tres en la cabina refrigerada (que iba apagada) y dos en la parte de adelante que se turnaban para manejar cada seis horas cuando paraban para hacer necesidades fisiológicas y dejar que los de atrás respiraran un poco. Ya habían pasado como unas dieciocho horas desde que salieron de Cuyotenango en un viaje tranquilo. Guardaban el mayor silencio posible. Tenían dos raciones de comida que perfectamente les alcanzaría para aguantar las cuarenta y cuatro horas y habían logrado hacer un hoyo en el piso de la cabina que hacía las veces de letrina. Los iranies, entrenados para jornadas como éstas siempre estuvieron atentos y minizaron sus necesidades corporales. Llegando a Ejido, Hermosillo como a cincuenta y tres minutos de Mexicali el camión se detuvo en un lote de deshuese de carros. Una parada fuera del horario. Los hombres de la cabina refrigerada se bajaron para hablar con los de adelante. Habían recibido información sobre una redada policial cerca de su destino final y no era seguro continuar. Debían esperar instrucciones del jefe de la clica. El Líder se inquietó. No le gustaba sentirse a ciegas, pero tenía que ser paciente para tener más información. Una hora más tarde sintieron que llegaron cuatro carros y más hombres. Uno de los choferes recibió una llamada. La instrucción era simple, pasen la carga a los carros y quemen el camión. El Líder tenía que pensar rápido. No podían morir quemados. No podían hablar muy fuerte, pero dio instrucciones a sus soldados. Tenían que derribar la división doble fondo y enfrentarse a los pandilleros que estuvieran en la cabina refrigerada cuando estuvieran terminando el descargue. Según sus cálculos eran en total trece hombres todos armados. Tomaron posiciones. Marcial y Mariangela estarían detrás de ellos cubriéndose. A la señal del Líder los cinco soldados se fueron de frente contra la división del doble fondo y abrieron fuego contra los cuatro hombres que estaban terminando de bajar cajas. Usándolos como escudos siguieron hasta la puerta de la cabina y dispararon contra los de los carros. Los pandilleros repelieron el ataque sorpresa como pudieron. No fue un intercambio muy largo de disparos pues ninguno de los dos bandos tenian armas y municiones suficientes. Aunque los iranies lograron bajarse del camión y abrirse camino para la huida dejando varios pandilleros heridos y otros muertos, también contaron en sus filas con un herido y un muerto. Marcial y Mariangela se habian quedado muertos del miedo en el camión. Cuando ya los disparos pararon se bajaron del camión y corrieron para alcanzar al escuadrón que estaba buscando un carro en el que pudieran huir. Con lo que no contó El Líder era que el lote pertenecía a la clica y habían más pandilleros en el lugar. Los disparos empezaron de nuevo y esta vez no tenían como enfrentarse a ellos. Como pudieron se protegieron entre las filas de carros mientras los pandilleros se acercaban más. El herido decidió que él los cubriría mientras ellos buscaban como salir. Se escondió debajo de una torre de latas y desde ahi empezó a dispararles a los que se acercaban. El Líder ordenó a los dos soldados restantes que se separaran para rodear la zona y a Marcial y Mariangela que se quedaran con él. El herido no aguantó mucho y fue dado de baja. Los dos que tenían la misión de rodear la zona atacaron hasta que se quedaron sin municiones y luego huyeron. El Líder, Marcial y Mariangela lograron saltar un muro y escapar. Se deshicieron de los morrales y trataron de parecer transeuntes regulares. Caminaron hasta un parque y ahi se camuflaron entre la gente. Nadie los perseguía pero era mejor cuidarse. El Líder encendió el celular que le había dado el hombre de la lancha y llamó al mayor para ponerlo al día de los sucesos. No había mucho él pudiera hacer a distancia pero le prometió conseguirle el número de un coyote que los podría ayudar a cruzar. Caminaron hasta un super mercado y se sentaron en la cafetería. El Líder después de recibir el número llamó al coyote. Les cobraría $2500 dólares por cabeza para pasarlos. Los esperaría en Los Algodones. Para Marcial la noticia no fue la mejor, no tenía $5000 dólares. Aún así le siguió el plan al Líder y luego de comer algo salieron a buscar la estación de buses. En el trayecto de treinta y tres minutos, Marcial le confesó a Mariangela que no tenían como pagar para cruzar. Ella no mostró sorpresa alguna y poniéndole la mano en la boca sacó un saquito de paño y se lo entregó. Eran unos zarcillos que había heredado de su madre y que estaba segura valían mucho.

Una vez en Los Algodones tenía que llegar a Caliente Casino para encontrarse con el coyote. Al entrar al lugar se separaron y sólo El Líder iría al encuentro. Según las instrucciones que recibió se sentó en una de las máquinas traga monedas. Minutos después una mujer se sentó en la máquina del lado al mismo tiempo que enviaba un mensaje de texto: - Estoy a tu lado, habla sin mirarme.- La conversación con La Coyote fue sucinta a los detalles. Se verían de nuevo en unas cuatro horas en un lugar llamado Auto Partes Rodriguez. Al salir del casino, Marcial le dijo al Lider que necesitaba vender los zarcillos para pagar. El Líder los examinó y le dijo que tal vez no le darían lo suficiente por ellos que mejor se los diera a él que se le había ocurrido una idea. Recorrieron algunas calles del poblado y El Líder aprovechó para ver si conseguía municiones sin levantar sospechas. Llegada la hora, se dirigieron al lugar para encontrarse con La Coyote. Luego de que un hombre los atendiera en el mostrador, los hizo pasar a la bodega y entrando por una puerta falsa finalmente los recibió la mujer que estaba acompañada por cuatro mujeres más. Los requisaron y le quitaron el arma y el celular al Lider. Marcial y Mariangela por instrucciones del Líder no hablaban. - Son $2500 por persona- dijo La Coyote. El Líder le entregó un sobre con $3000 y el saquito de paño con los zarcillos y unas monedas de oro. La mujer examinó el contenido del saquito y se rio. - Y a ti quien te dijo que yo soy una casa de empeño cabrón? A mi me valen verga tus joyas. - No son joyas cualquiera, pertenecen a la colección de un jeque al cual yo le serví por muchos años. Estoy seguro que valen más de lo que te debemos.- La mujer dudo ante las palabras del Líder y le entregó el saquito de paño a una de sus guardaespaldas. -Está bien, siempre hay una primera vez-. Luego les explicó que los pasarían por una ruta cruzando el Río Colorado que estaba a unas cuantas calles de ahi. Al cruzar estarían en Yuma territorio americano. Se tendrían que cambiar de ropa para ponerse todo negro, incluso pintarse la cara. Un camión de basura los recogeria y se camuflarían entre las bolsas negras. Luego irían hasta un vertedero cercano al río donde el camión los descagaría como basura. Finalmente ellos tendrían que moverse entre la basura y las bolsas negras para alcanzar las aguas y cruzarlas.

La Coyote, además de ofrecer los servicios migratorios ilegales también se dedica a administrar personal como ella lo decía. Para ella el trato con El Líder era un negocio redondo. No sólo se quedaría con el dinero y las joyas por el cruce sino que además tenía sus planes paralelos. Mientras ellos se cambiaban, ella hizo un par de llamadas. La primera para hablar con los que se harían cargo del Líder y de Marcial.(Barrio 18 había puesto precio a la cabeza del Líder). La segunda para que tuvieran todo listo para la llegada de Mariangela. Llegó el camión y sin perder tiempo se montaron en la bandeja trasera que estaba casi llena de bolsas de basura negras. Se instalaron como pudieron. Al lider le pareció extraño que sólo iban ellos tres cuando normalmente pasan grupos más nutridos. Avanzaron a lo sumo unas trece calles cuando se detuvo el camión y oyeron la señal pero no se empezó a mover la bandeja para verter las basuras. -Algo anda mal, esa maldita Coyote nos engañó. A partir de ahora cada uno por su cuenta.- dijo El Líder. Acto seguido buscó afanosamente entre las bolsas algún objeto que le sirviera para defenderse. Se oían pasos y la bandeja se empezó a mover vertiendo la basura. Afuera los esperaban, junto a dos camperos, una media docena de hombres armados, pertenicientes a un cartel que hace negocios con los del Barrio 18; y también las guardaespaldas de La Coyote junto a una camioneta. Al caer junto con las bolsas El Líder tenía un pedazo de vidrio en su mano pero no intentó nada al ver su desventaja. No los dejaron ni parar cuando los separaron, las mujeres se llevaron a Mariangela y los otros al Líder y a Marcial. Cuando los estaban tratando de montar al campero, El Líder hizo su movimiento y con el vidrio logró herir a dos de los hombres que los custodiaban para luego correr hacia el basurero mientras esquivaba los disparos. Un hombre se quedó con Marcial y los demás se fueron a buscar al fugitivo. Marcial estaba como ido, todo fue tan repentino que ni tiempo tuvo de reaccionar. Aún no le cabía en la cabeza que Mariangela no estaba, la camioneta en la que iba ella ya se había ido y él no había hecho nada. Tirado en el piso lloraba de rabia e impotencia mientras le apuntaban con un fúsil en la cara. Los disparos se detuvieron y los hombres se dividieron en dos grupos para buscar al lider que tenía por ventaja la oscuridad de la noche y su vestimenta negra. -Para dónde se la llevaron?- preguntó Marcial. -Te la hicieron fea vato, si La Coyote se quedó con ella es porque la va poner a chambiar en una de sus casas.- Se escucharon disparos. El Líder había matado a dos hombres y ahora estaba armado. Su objetivo era cruzar el rio no enfrentarse a sus perseguidores.

Mariangela iba llorando y gritando en la camioneta. Cuando se detuvieron la bajaron a la fuerza y la metieron en un local que tenía un aviso púrpura encendido: Venus. Adentro la esperaba una mujer madura y gorda, quien hacía las veces de administradora. - Bienvenida! La Coyote siempre con tan buen ojo. Esta será su casa de ahora en adelante.- La dejaron sola para que se cambiara mientras cerraban el cuarto con un cándado. El lugar tenía tres pisos. En los dos primeros funcionaba el negocio y en el último vivían las mujeres que allí trabajaban. Muy pocas estaban ahi por voluntad propia. La mayoría eran centroamericanas y mexicanas que eran traídas con la promesa de cruzar la frontera. La Coyote era muy astuta y sabía como hacer para que su negocio siempre estuviera produciendo. Las movía de local cada cuatro meses (tenía en la zona unos seis negocios parecidos) para asi variar la oferta para sus clientes. Como el sueño de muchas era cruzar la frontera, La Coyote entonces se entrevistaba con ellas en la oficina de la administradora, el primer día de llegar al local, y les proponía lo siguiente: trabajar para ella un año, sin intentar escapar o dar problemas, y entonces les facilitaría el cruce de la frontera. De ese encuentro sólo salían las que aceptaban. Tendrían su propio cuarto para vivir y les darían lo necesario para que siempre estuvieran aseadas y bien presentadas. Los clientes pagaban por los servicios a la administradora más la propina que iba directo a la mujer de turno. Las trabajadoras recibían un salario semanal (una miseria), que se compensaba con las propinas, y constantemente las estaban examinando para que estuvieran libres de drogas y enfermedades.

El Líder logró perder a los hombre que lo buscaban. A su derecha podía escuchar el correr del rio. Su objetivo estaba más cerca que nunca. Se empezó a arrastrar entre las bolsas y cada vez se oía más cerca el correr del rio. Se detuvo por un instante y miró hacia atrás. Se devolvió para ayudar a Marcial. Escondido entre la oscuridad y las bolsas pudo ver que levantaban a Marcial para meterlo al carro mientras uno de los hombres hablaba por teléfono. Disparó a las llantas y a las luces para crear confusión mientras le gritaba a Marcial que corrriera. Marcial corrió como nunca lo había hecho en su vida hasta que se tropezó con las bolsas. Los hombres disparaban sin saber a donde. El Líder buscó a Marcial y lo arrastró hasta un lugar seguro. - No perdamos más tiempo, ahi está el rio.- Marcial cerró los ojos para recodarla alejándose de la cama con el velo rojo sobre su cuerpo desnudo y se metió al agua.

Más se demoró Mariangela en salir de la entrevista con La Coyote que en estar ya en el primer piso trabajando. No podía contener su rabia y sus lágrimas pero sabía que esto no era un juego. Cerró sus ojos, pensó en Marcial y decidió que la única forma de sobrevivir a esta pesadilla era haciendo que sus encuentros fueran como áquel de la noche lluviosa de Septiembre. Al fin y al cabo sería sólo un año.

Una vez cruzaron el rio, lograron refugiarse en la APS Yucca Power Plant. Necesitaban ropa nueva y descansar. Mientras Marcial no salía aún del schock, El Líder sigilosamente se fue a buscar como salir de ahi. Se encontró una camioneta de servicio de la compañia. Tomó unos uniformes y regresó donde Marcial. Mientras trataba de explicarle como saldrían en la camioneta haciéndose pasar por trabajadores de la compañía, Marcial le respondió: -Tengo que regresar por ella.- El Líder guardó un momento silencio y luego tomándolo por el cuello le dijo: - Y con qué agallas piensas hacer eso? Si regresas van a morir los dos. Si te quedas y esperas, tal vez vuelvan a estar juntos. Ya estas acá y esa es tu ventaja.- -Ayúdame entonces- suplicó Marcial. El Líder caminó hacia la camioneta. Manejaron por la Old US 80 hasta llegar a San Lucy Village. Allí abandonaron la camioneta. El Líder entró a un minimercado y salió con unas cervezas, un celular y una billetera. Buscaron un motel y por fin descansaron. El Líder hizo un par de llamadas, luego le dijo a Marcial: - Hasta acá llegamos. Mañana alguien viene por mi. De ahi en adelante estarás solo. Si quieres te puedo dejar algo de dinero.- Marcial asintió para luego decir: - Necesito que me ayudes a recuperarla- El Líder le entregó el celular que ya marcaba un número: el de La Coyote.

Acostado bocarriba mientras miraba el ventilador moverse, Marcial rompió en llanto. Maldita la hora en la que se le ocurrió ese viaje. Maldita Coyote. Maldita situación. Ya habían pasado nueve meses y esa impotencia feroz lo atacaba cada noche. Lo poco que dormía trataba de utilizarlo para soñar con ella, para no perder la esperanza del reencuentro. La Coyote había sido muy clara: Mariangela sería de ella por un año, cualquier intento de acercarse o de recuperarla le costaría la vida. A Marcial no le quedaba otra opción que trabajar y ahorrar para pagarle a su primo y para tener el dinero suficiente cuando Mariangela regrese. Mientras tanto para mitigar su culpa y su tristeza en medio del insonmio recordaba esa silueta con el velo rojo encima alejándose y sus manos tratando de atraparla. Ya no sabía si lo estaba intentando o se había resignado.

martes, 7 de enero de 2020

MOTHER RUSSIA


Fue una noche de viernes en la que Liudmila llegó a Estados Unidos por primera vez. Se perdió en el aeropuerto de Miami lo que le salió costoso porque varios conductores de Uber le cancelaron el servicio al ver que no aparecía. Luego de casi media hora por fin un paciente conductor la encontró y la rescató de ese laberinto de puertas con letras y números. Ya instalada en el carro, parecía una niña de 5 años con su cabeza afuera en la ventana asombrada con cada paisaje urbano que veía. No pudo contener sus lágrimas y con un inglés bastante difícil de entender le empezó a contar a su chofer lo que para ella significaba este viaje.
Liudmila tenía apenas 21 años, un rostro de ángel y una mirada hechizante. Llevaba ahorrando desde los 16 para poder viajar a Estados Unidos, a pesar de toda la propaganda anti yanqui del gobierno y de las advertencias de su madre ella tenía muy claro que cuando cumpliera la mayoría de edad saldría del país con rumbo a América.
Gracias a su jefe pudo conseguir todos los documentos necesarios y planear su viaje. La noche antes de partir le contó a su madre, quien nada pudo hacer para evitar que su hija se embarcara hacia esa horrible tierra donde prostituyen a las jovencitas rusas y las secuestran para volverlas esclavas o sirvientas.
Los 17 minutos que duró el trayecto hasta el hotel ya fueron para Liudmila una recompensa suficiente. Su alegría la llevó a gritar: “Smells like freedom”

Andrei vestía esa tarde una camiseta del Real Madrid con el número 10 en su espalda y el nombre de James, unos jeans desgastados y unos tennis adidas. Cargaba un morral gris con negro y caminaba con prisa. Entró a la casa de empeño La Ideal y de su morral sacó dos celulares que le compraron sin mucho trámite por unos $600 dólares. Salió un poco agitado y de inmediato contactó por mensaje de texto a uno de sus proveedores. Un hombre latino lo recogió en un Toyota Yaris unos diez minutos más tarde y lo llevó hasta un lote por Opa Locka donde supuestamente funciona un taller de mecánica. La transacción la hicieron en la parte de atrás. Al salir de nuevo envió un mensaje de texto y unos 5 minutos más tarde un hombre negro lo estaba recogiendo en un Dodge Charger blanco. El recorrido duró más o menos dos horas y media. Visitaron Walmart, Whole Foods, dos pizzerias, un vapeshop, una tienda deportiva, un buffete chino y finalmente un L.A Fitness. Al parecer esta nueva mercancia se vendía rápido, por algo la llamaban “The touch of God”. Recibió una llamada de uno de sus mejores clientes que lo estaba esperando cerca de su aparmento en un parque en Sunny Isles. En cuestión de diez minutos llegó al lugar y realizó la última venta de la tarde. Había invertido $500 dólares y ya tenía en su bolsillo cerca de $1,500 dólares y apenas habia vendido tres cuartos de la mercancia.
Andrei vivía solo en un aparta estudio en Miami desde hace ya dos años. Su madre lo sacó de su casa en New York porque como no había pasado los examenes de ingreso a la universidad se la pasaba haciendo nada y viendo fútbol todo el día.
Lo mandó a Miami a que trabajara con su tío Antov que tiene un negocio de asbestos pero Andrei ya tenía otros planes. Trabajó con su tío un mes esperando que le aprobaran la aplacación para mudarse a su aparta estudio. Desde New York ya tenía sus contactos y aunque empezó moviendo pequeñas cantidades de mercancia en poco tiempo se convirtió en uno de los mejores expendedores de la zona que cubre desde Aventura hasta South Beach y toda la zona de Biscayne Boulevard. Su éxito radicaba en que no era el típico jibaro que por más que quisiera pasar desapercibido siempre se hacía notar. Conseguía sus clientes en fiestas, canchas sintéticas, gimnasios y por referidos. Le gustaba hacer sus entregas en lugares públicos y concurridos generalmente frecuentados por sus clientes de esa manera no levantaba sospecha alguna. No le gustaba manejar asi que siempre acudía a alguno de sus amigos para que lo transportara o incluso a los mismos clientes.
Caminó desde el parque hasta su aparta estudio. Comió algo de pizza, que había comprado en su recorrido, y se acostó a dormir porque en la noche tenía que ir a los clubs nocturnos a divertirse mientras terminaba de vender el cuarto de mercancia que tenia.


Nadezhda y Ekaterina se conocieron hace dos años, cuando llegaron a Miami a trabajar en la agencia de modelos del señor Kovarov. Las recogieron en limo y las llevaron a una casa hermosa ubicada en Hollywood Beach. Alli las ayudo a instalar Sergei y después las llevó a cenar. Al día siguiente irían a la agencia para firmar el contrato y empezar a trabajar. Esa noche mientras dormían sedadas, Sergei se apoderó de sus pasaportes y documentos de identidad. Al despertar ya no estaban en la misma casa suntuosa sino que las habían llevado a un apartamento en North Miami. Las reglas eran otras ahora. No había ningún contrato que firmar. Si querían sus pasaportes y su vida de regreso tenían que trabajar para el señor Kovarov por al menos dos años. Nada les faltaría. Sergei se encargaría de darles documentos de identidad con nuevos nombres y de tenerlas como unas reinas, siempre y cuando ellas cumplieran con su trabajo. Si trataban de huir o de denunciarlos los primeros en pagar las consecuencias serian sus familiares en Rusia, y finalmente ellas que terminarían como adictas callejeras abandonadas en otro Estado. Las dos jóvenes no opusieron mucha resistencia pues una de ellas ya tenía idea de lo que en realidad pasaría a su llegada y le había vendido la idea a la otra. No recibirían ningún pago en esos dos años a no ser las propinas que sus clientes les dejaran. Tendrían acceso a los mejores gimnasios, restaurantes, hoteles, almacenes, clubes privados, fiestas y eventos de interés en las zonas turísticas de South Beach. Ellas por su hermosura y porte, a diferencia de otras, no trabajarían en uno de los strip clubs propiedad del señor Kovarov, sino que serían damas de compañía de alto nivel que cualquier adinerado hombre podía tener por unas horas o por la noche completa, ya fuera porque pedían sus servicios a través de las redes del señor Kovarov o porque se conocieran en cualquiera de los sitios.


Las puertas del Club Story abren a las 11:00 pm y se cierran un poco más allá de las 5:00 am. Era un Sábado ya pasada la media noche y la larga fila para ingresar al club, que tendría la presentación de DJ Tiesto, obligó a la policia a cerrar parte de la calle. En la entrada VIP, estaban Nadezhda y Ekaterina junto a otro grupo de modelos del señor Kovarov que ya estaban agendadas. En la larga fila estaba Liudmila viviendo su fantasía. Unos metros más atrás estaba Andrei, haciendo algunas entregas mientras saludaba desprevenidamente a sus clientes en la fila. Cuando vio a Liudmila se quedó mudo por unos segundos contemplando ese rostro inocente y angelical lleno de extasis. Ella lo miró con eso ojos hechizantes y le dio la espalda. La fila avanzó un poco. Andrei se le acercó le dijo algo en ruso y la tomó de la mano sacándola de la fila. Ambos se dirigieron hasta la entrada VIP, donde Andrei saludo a uno de los guardias mientras le pasaba una dosis e ingresaba al lugar.

El ambiente era fabuloso, el club estaba a reventar. La música electrónica y las balarinas estilo circus extravaganza invitaban a dejarse llevar. Nadezhda y Ekaterina estaba en la super exclusiva zona VIP en una mesa con unos clientes alemanes. Andreí arrastraba a Liudmila quien estaba atónita ante el espectáculo. Llegaron a uno de los 5 bares del lugar y ordenaron unos tragos. No hablaban mucho, solo cruzaban sus miradas y de vez en cuando sonreian. Se fueron a bailar al piso principal mientras anunciaba la pronta presentacion de Dj Tiesto. Ambos estaban disfrutando al máximo. Desde la mesa, Ekaterina le hizo una seña a Andrei para que se acercara. El la ignoró porque no quería dejar a Liudmila y porque ya tenia tres pares de dosis que seguro no le alcanzarían para satisfacer el pedido de la modelo. Pasaron unos minutos hasta que Sergei se acerco donde Andrei y lo invito a ir hasta la mesa. Le apretó la mano a Liudmila y se abrieron paso entre el mar rítmico de gente.

Al llegar a la mesa Ekaterina saludo a Andrei sin quitarle la mirada de encima a Liudmila, ese rostro de ángel y su mirada hechizante era justo lo que necesitaban para cerrar el trato con el señor Kovarov y recuperar su libertad. Cuando Andrei la fue a saludar ella le susurró algo a uno de los alemanes y de inmediato dijo que la fiesta seguía en otro lugar y que ellos estaban invitados. Le hizo una señal a Sergei y fueron saliendo sin mucha prisa.

El viaje hasta el Hilton Bentley fue muy corto. Desde el garage tomaron el ascensor hasta el penthouse. Era una fiesta muy privada tan solo estaban los dos alemanes las tres mujeres, Andrei y Sergei. Al llegar Nadezhda se llevó a Andrei hasta el bar para servir los tragos y Ekaterina se llevó a Liudmila al living room mientras Sergei terminaba de instalar a los alemanes.
Liudmila y Ekaterina hablaron en ruso, se rieron, se hicieron amigas. Nadezhda le pidió a Andreí que sacara la droga para comenzar la fiesta. Se la entregó a Ekaterina quien les repartió una dosis a cada uno. Liudmila dudo un poco pero al final la acepto. Casi que como tomandose un trago de vodka cada uno se metió su pase mientras cerraban los ojos. Las pupilas se empezaron a dilatar y el corazón a latir más rápido. El embate de adrenalina los puso eufóricos hasta dejarlos en éxtasis. Bailaron sintiendo que flotaban, se rieron a carcajadas, alucinaron y sintieron que ese toque de Dios los llevaba al cielo.

Por más influencias que el señor Kovarov tuviera, el escándalo no se pudo evitar.
A las fueras del hotel en el parqueadero de Nikki Beach se apostaron los camiones de los noticieros. La zona había sido acordonada.

Estamos en vivo desde el Hotel Hilton Bentley donde en la madrugada en hechos aún confusos una joven mujer rusa asesinó brutalmente a dos inversionistas alemanes, dos modelos y a un joven comerciante en el penthouse del reconocido hotel de South Beach. Luego del terrible hecho la mujer se lanzó desde el balcón en lo que algunos testigos describieron como el vuelo de un ángel. Aún las autoridades no han dado ninguna declaración oficial pues todavía se considera una escena del crimen activa. Sigan ustedes en estudio.”

Sergei lo vio todo, pero no dijo nada. Mientras era interrogado en la estación de policía guardó silencio, incluso teniendo un intérprete. Al terminar el interrogatorio, se acercó al intérprete y le dijo en ruso:

Era Pavlichenko, lo hizo igual que en Crimea y Odessa, el ángel de la muerte estuvo aquí.”





martes, 15 de octubre de 2019

CARNE A LA JARDINERA


Sólo hasta que lo comprobé con mis propios sentidos, pude creer que el mito de Esperanza Ternera no era un mito. Tal cual como lo afirma la señora Ternera – su historia es la prueba clara que a Dios le encanta la ironía.- Tal vez resulte una dura aseveración para cualquier creyente fervoroso, pero es una cruda realidad cuando uno entra en el patio de los Ternera.

Según la tradición oral de Toro, el pueblo natal de Esperanza, la existencia de la octava maravilla del mundo en el patio de aquella casa, además de ser un milagro, es fruto de las paradojas de la vida.

Siendo muy niña, Esperanza, la última de 7 hermanos, comenzó a desarrollar su fastidio por la carne. En su casa, nunca faltaba un buen trozo de carne que se preparaba de una y mil formas para no cansar a los comensales.
- Gracias a Dios su papá tiene suficientes reses, pollos y marranos en la finca- decía siempre la señora Ternera mientras se ponían las ollas y sártenes a que calentaran sus vientres para engendrar deliciosos platillos típicos.

Al tiempo que los olores de comida recorrían cada rincón de la casona invitando el estómago de algunos a prepararse para el banquete; los olores a carne cocinada, frita o asada producían en Esperanza toda clase de mareos, náuseas y desazón.

La menor de los Ternera se las ingeniaba siempre para engañar a su familia haciéndoles creer que disfrutaba tanto de la carne como ellos. El sólo hecho de pensar en decirles las verdad sobre su repudio por la carne, en cualquiera de sus clases y presentaciones, la hacía sentir excluida de su familia. En complicidad con Rosalba, una de las señoras de la cocina, Esperanza a escondidas comía toda clase de vegetales y cereales que le permitían sobrevivir las bacanales familiares de carne.

Un tarde, de esas tediosas que se vivían en la casona, mientras Esperanza leía en el jardín la señora Ternera tomaba el algo con algunas de las señoras distinguidas del pueblo la farsa se vino al piso. Uno de los hijos menores de la señora Cordero encontró pedazos de carne secos debajo de uno los muebles de sala mientras jugaba con unos soldaditos de plomo.

La sorpresa de la señora Ternera en un principio fue por la falta de limpieza de las encargadas de la casa, pero luego su desconcierto la llevó a pensar en cómo habían llegado esos trozos de carne allá. Aunque tenían perros, les estaba prohibida la entrada a la casa y los alimentaban con una sopa de sobrados mezclada con cuido.

Después de haberse ido la visita, la señora Ternera enfiló a la servidumbre para buscar una responsable de tan bochornoso acto. Aunque el tono inicial fue amable, a la hora de llamar la atención, cambió drásticamente ante el silencio pálido de sus interlocutoras. Era inaceptable que no resultara una responsable de esa cochinada. Cómo podía haber carne seca debajo de los muebles?

La inmersión en la lectura se vió interrumpida por los gritos de su madre. Esperanza entonces salió corriendo a la cocina para enterarse de lo que pasaba. El silencio reinaba ahora en la cocina esperando que la responsable de esconder carne debajo de los muebles hablara. - Fui yo- Dijo sin titubear Esperanza. Su madre volteó pávida ante la revelación y seguidamente la tomó con fuerza del brazo y la llevó a rastras hasta su habitación dejándola castigada hasta que su padre estuviera de regreso.

Esa noche inusualmente se desató un vendaval. El padre de Esperanza llegó tarde a cenar. Una vez todos reunidos en la mesa, la señora Ternera fue a buscar a Esperanza para que comiera. Al llegar a la habitación no lo encontró.
Salió corriendo a dar la noticia a los demás que aún esperaban para servirse.

Todos se pararon sin dilación y empezaron a buscarla por toda la casa. Esperanza, Esperanza se oían las voces de los Ternera llamando a la menor de la familia pero no había respuesta. De pronto Rosalba grita desaforada desde la cocina. Todos corren. - Es la niña Esperanza, está afuera en el patio-

Parada en la mitad del patio se podía ver a Esperanza emparamada. Aún tenía el vestido blanco con girasoles que usaba en la tarde. Estaba descalza. Sus pies se enterraban en el lodo. En sus manos tenían pedazos de carne cruda que había sacado de la despensa. Llovía a cántaros. Todos salieron.

- Detesto la carne, perdón por no ser una Ternera- gritó dirigiéndose a su familia. Seguidamente se llevó un trozo de carne a la boca. La lluvia arreció, el cielo parecía haberse desfondado. El patio se estaba inundando, cosa que nunca pasaba, y los pies de Esperanza se enraizaban más en el lodo.

- Qué estás haciendo hija?- Respondió su papá. Vamos ya para adentro, lo de la carne lo resolvemos en la mesa.

Esperanza le dió otro mordisco a la carne mientras por su rostro corrían las gota de lluvia mezcladas con sangre. El lodo la cubría hasta las rodillas. Trató de moverse pero no pudo. La lluvia arremetió con mayor fuerza. Soltó la carne y gritó por ayuda mientras la tierra se la tragaba en medio del diluvio.

La tragedia enlutó a los Ternera. Inexplicablemente Esperanza había desaparecido esa noche. La buscaron al día siguiente por todo el patio. Abrieron rotos en cada rincón pero no había rastro de ella.

La mañana del Miércoles, día del aniversario de la desaparición de Esperanza, amaneció lloviendo. Llovió tan fuerte como la noche de su desaparición. El patio volvió a inundarse. A eso de las seis de la tarde se reunieron todos para rezar un rosario y tan pronto como empezaron cesó la lluvia. Ya iban por el tercer misterio cuando algo afuera, en el patio, llamó la atención de la señora Ternera. Justo en la mitad del patio se abrió un gigantesco hoyo por el que se empezó a drenar el agua represada. La señora Ternera paró de rezar y salió como hipnotizada mirando el fenómeno, detrás de ella salieron los demás.

Una vez toda al agua se fue, se sintió un pequeño temblor y de pronto germinó del gigantesco hoyo un árbol blanco con girasoles en su tronco, con extensas y frondosas ramas y con unos extraños frutos. La germinación terminó cuando la base del tronco relleno el gigantesco hoyo y el temblor se detuvo.

El papá de Esperanza avanzó hacia el árbol mientras hacía una señal de espera a los demás. Se paró frente al imponente árbol. Tocó su tronco. Alcanzó uno de los frutos mientras reía y lloraba al mismo tiempo. Le hizo una señal a la señora Ternera para que se acercara. Ella recibió de sus manos un pedazo de carne. Lo miró. Miró el árbol y exclamó: Esperanza. 


























martes, 1 de mayo de 2018

AROMA PAISA


Aunque el penetrante frío capitalino parecía congelar hasta el tuétano, aquella tarde, en casa de mi buen amigo Jaramillo, el corazón se calentaba al son de recuerdos y de historias. Mientras Jara, como le decíamos de cariño, y yo dejábamos que el tiempo pasara inadvertido quitándonos instantes futuros de alegría o de tristeza, su abuela, allá adentro en su amado laboratorio, pues quien niega que la cocina no es un magnífico laboratorio donde se preparan deliciosos productos que alegran el estómago y el alma, preparaba un típico algo paisa, uno de esos que hace mucho no comía, tal vez desde el día de mi destierro, cuando me vine para esta gran ciudad atestada de gente, plagada de trancones, sumida en el crecimiento desproporcionado, pero siempre amable y hospitalaria recibiendo hombres y mujeres de todas las latitudes de esta Colombia que se desangra entre la intolerancia, la avaricia y el egoísmo.
Al tiempo que las ollas que se sentaban ansiosas en las hornillas del fogón, para gestar en sus vientres los deliciosos manjares que sabía preparar la abuela, la masa de maíz, aquella materia prima con que se creó el cuarto hombre según el libro sagrado de los mayas-quiché, aquel resultado del sacrifico del maíz que se cocina y se muele para alimentar y nutrir al hombre, se mostraba dócil entre las manos tiernas y golpeadas por el tiempo de la abuela que la estrujaba con cariño, con ese cariño mágico que hace de esas mezclas culinarias un apetecido y extrañado manjar cuando se vive lejos de la cuna materna. Poco a poco la masa tomaba la forma que la abuela le imprimía, para luego ser dorada al calor eléctrico de una hornilla.
El aroma de maíz cociéndose esperando convertirse en una arepa paisa, fue penetrando los pequeños rincones del apartamento, que como buena habitación moderna distribuía muy bien los espacios en un reducido espacio. El aroma, para mi no podía ser indiferente, se me colaba por las narices y me penetraba hasta el vientre. Cerré mis ojos y le dije a Jara:
- Qué delicioso olor éste, no sabes cuanto me encanta.
Jara, comprendiendo que en mi estaba ocurriendo algo maravilloso me miró con una sonrisa en sus labios y me dijo:
- ¡Vos si que no dejas de ser paisa no!. Para mi ese olor aunque delicioso, no supone nada tan sublime como para ti.
Tenía que explicarle, tenía que contarle lo que en mi producía aquel aroma.
En esa mañana, una de tantas desperdiciadas en vacaciones, me levanté más temprano que de costumbre pues el sol penetró cual intruso por las pequeñas rendijas de la persiana y vino a posarse sobre mi rostro para acariciarme suave y cálidamente en señal de buenos días. Luego de su caricia, me estiré en la cama, como queriendo desvestirme del traje fantástico que regala el sueño; me levanté, me persiné y decidí darle los buenos días al sol, abrí la persiana y deje que el astro diurno entrara iluminando mi cuarto. Quise quedarme allí sintiendo la alegría que la luz del sol le imprime a las cosas, pero al aroma de arepa se fue mezclando con el aroma de montaña recién amanecida, de cafetales húmedos por el rocío, de platanales, que abriendo sus anchas hojas desean calentarse, y llegó a mi tentador, invitándome a tenerlo. Salí del cuarto y caminé sin prisa por aquel corredor descubierto y adornado con barandas de guadua, hasta la cocina. El silencio de esa mañana montañera, permitía escuchar el dolor de la guadua que caía a machete, el saludo amable de las mulas al sol, el piar hambriento de los polluelos y los ronquidos graves de los marranos. Antes de llegar a la cocina, decidí detenerme para ver como Israel, el agregado de la finca ensillaba su caballo y le daba órdenes a los recolectores de café para que la jornada fuera provechosa.
- Oigamen pues bien, hoy nos vamos a ir cafetal adentro pues allá si que están maduritos los frutos, como el camino es largo, a comer bien trancao pues la llegada aquí será por la noche. Hágale pues rapidito, comasen su arepita, su agua café y echénse la herramienta al hombro que se hizo tarde.
Los recolectores, gente humilde y alegre, llena de deseos de trabajar, de robarle los frutos al cafeto para cambiarlos por dinero y así tener con que tomarse sus aguardientes y darle alimento a los suyos, se fueron apiñando alrededor de la cocina para recibir su arepa y su agua café.
En mis tobillos desnudos, sentí la lengua húmeda de Bruno, el fiel compañero de mi abuelo, un perro viejo y cariñoso, testigo de la verraquera con que se levantó esta finca, como dice mi abuelo cuando nos quiere hacer saber lo importante que es para él. Lo acaricié y le di unas palmaditas en el lomo, luego seguí mi camino hacia la cocina, entrando por la parte que da a la casa, mientras que la que da al patio estaba aún llenando las bocas de los recolectores.
- Buenos días- saludé con voz aún somnolienta. – Quihubo mijo-, contestó la abuela, que estaba atareada repartiendo comida en compañía de Luz Dary, la esposa del agregado.
- !Y eso! ¿Por qué te levantaste tan temprano, vos que dormís como una marmota?-
- No sé abuela, días en los que a uno le da pereza la cama; además con este olor a arepita bien caliente quien no se levanta.
- Ya decía yo que ese madrugón tuyo no era gratis, te despertó la tripa. Vos definitivamente sos igual a tu abuelo y tu papá, mientras tengan la barriga llena no les importa nada.
- No creas, yo no soy de los que madruga a comer, hoy porque...
- Bueno callate más bien y esperate que ya te hago el desayuno. ¿qué querés? Calentao con huevo.
- Pues sabes que la idea está buena, pero antes regalame una arepita con mantequilla.
- Ves y luego me negás que sos nieto e hijo de tu abuelo y tu papá.
Esperé con paciencia la arepa, mientras los recolectores terminaban su desayuno y se iban a trabajar, por fin la cocina quedó sola y Luz Dary se fue. Estábamos solos la abuela y yo.
- Vení contame pues, por qué decís que me parezco tanto a mi abuelo y a mi papá.
- Pues muy sencillo- dijo mientras ponía a calentar los frijoles y el arroz del calentao. - Ve, a tu papá
te pareces en lo físico, sos igualito y a tu abuelo en lo arepero.
-¿Cómo así?
- Pues sí, sos igual de aferrrao a la arepa que tu abuelo, ese hombre no puede vivir sin comer arepa, yo creo que le hace más falta eso que yo.
- ¡Eh vos si exagerás no!
- No creas mijo, yo sé porque te lo digo. Ve es que te voy a contar pa que me creas. Recién llegaos de Medellín a estas tierras que antes se llamaban el Gran Caldas y que yo no sé ahora porque les dio por separar y hasta discriminar, pues dizque paisas son sólo los de Antioquia sabiendo que antes paisas éramos todos incluso los que ahora son del Eje Cafetero, que antes en mi tiempo era una zona de arriería inmensa y más paisas que los arrieros no hay. Bueno, pero volviendo al caso, te decía que recién llegados a estas tierras, tu abuelo y yo estábamos recién casados y nos vinimos buscando a un tío de tu abuelo que le había prometido una finquita y trabajo. Resulta que la finquita era puro cuento, pues lo que el tío quería era que tu abuelo se volviera agregao de la finca de él, cosa que a tu abuelo no le gustó, pero que aceptó pues no nos podíamos devolver pa Medellín con el rabo entre las patas. Nos quedamos de agregaos por un tiempo, mientras tu abuelo consiguió con que comprarle un pedacito de tierra a un vecino, lo que hoy es esta finca, bueno agregándole la del tío de tu abuelo que luego nos dejó como herencia, pues tu abuelo después de dejar el trabajo de agregao y venirnos pa acá, que era un peladero en ese tiempo, no abandonó a su tío y hasta lo asistió en la muerte.
Esperate yo revuelvo bien este calentao y le bajo al chocolate.
Cuando decidimos dejar la finca del tío de tu abuelo y venirnos a nuestra propiedad, nos tocó sufrir mucho, esto era un lote baldío, no había nada, nos tocó dormir varios meses en un cambuche y comer de lo que nos regalaban los recolectores de la finca de Don José el que nos vendió la tierra, perfectamente podíamos vivir de la caridad del tío de tu abuelo, pero ya sabes lo orgulloso que es tu abuelo y cuando decidió irse de esa finca me dijo: - A partir de hoy no vamos a molestar a mi tío, no quiero que digan que le dejé tirado el trabajo pa vivir de su limosna.- Luego de vivir como desplazados casi tres meses, tu abuelo empezó a tener éxito en los negocios, como él decía. Lo que hacía tu abuelo pa poder sobrevivir y empezar a construir nuestra casa, era recoger herramientas viejas y que votaban dizque porque no servían, las arreglaba y luego se iba a venderlas en el pueblo como nuevas. Cuando ese negocio empezó a producir, entonces me dijo:
- Ve mija, tenemos dos opciones, comprar material suficiente pa construir la casa de una vez, o comprar sólo lo necesario pa una chozita y pa unas cuantas matas de café y maíz, y unos pollitos pa tener que comer.- Decidimos pues, que lo mejor era comprar pa una chozita y pa alimentarnos; así se hizo y empezamos a pelechar.
Dejó de hablar un momento y revolvió dos huevos en un plato de sopa y los hecho en la sartén del calentao. Luego siguió.
- Al cabo de unos seis meses ya teníamos una parcelita con pollitos, café y maíz. Nos sosteníamos de los “negocios” de tu abuelo, y yo me la pasaba cuidando la tierrita mientras él trabajaba. A veces salía pal pueblo muy temprano y llegaba tarde. En ese tiempo se desayunaba con una arepa y aguacafé hasta la noche que le tenía algo más pesadito, vos sabes frijolitos con una presita de pollo y mazamorra o algo así. Pa ese hombre la arepa se empezaba a volver necesaria pues con eso pasaba todo el día, no compraba nada en el pueblo pa ahorrar y construir rápido la casa.
Un día llegó tu abuelo y yo estaba tirada en la cama y no había hecho la comida, había estado mariada todo el día y vomitando. Cuando me vio así se asustó y me dijo: - Ahora no te vayas a morir pues-, pero yo le contesté : - Pues si ser mamá es pa una morirse entonces me muero.-
Tu abuelo guardo silencio, puso a calentar café y me dijo : - aunque sea una arepa si me podés hacer pa no acostarme con el buche vacío-. La situación se ponía dura pues dos bocas como vivíamos aguantaban, pero tres quien sabe. Tu abuelo entonces decidió dejar los “negocios” pues de todos modos le iba regular y viendo que no tenía trabajo, en vez de ir donde el tío, prefirió humillarse ante Don José y le pidió trabajo. Don José era un tipo duro de esos duros que aparenta no tener sentimientos. Habló un rato con tu abuelo al son de unos aguardientes y le dijo:
- Pues hombre, vos me caes muy bien y me pareces un verraco por querer salir adelante solito, sabes qué, vení mañana y te defino algo.
Tu abuelo llegó al otro día muy contento pues Don José le había dado el puesto de administrador del secadero de café, algo en ese tiempo muy bueno. Así empezamos a tener más entraditas y tu abuelo contrató unos obreros pa empezar a ampliar la casa, lo que ahora es la parte de atrás donde está nuestro cuarto y el de tu tío Jaime Alonso. Pasaron los meses y me llegó la hora del parto, no dio tiempo de ir al pueblo y me tocó a mi solita con la ayuda de Doña Dioselina, la esposa de unos de los recolectores, la mamá de Joaquín el que ahora está de agregao en la otra finca. El parto fue sin problemas, pero a la criaturita le entró un frío y se me murió a los siete días.
En ese momento la abuela hizo una pausa y pasó ese amargo trago con un poquito de agua de apio, que es muy buena pa la piel; Bruno llegó y se echó a mi lado.
- Ya está listo el desayuno, si querés comé que yo te sigo contando.- Y me pasó un plato lleno de calentao con huevos revueltos, una tazada de chocolate y una arepa bien grande como me gusta.
- Oiste pues, resulta que fue tanto el dolor por la pérdida del niño, que me tocó irme pa Medellín unos días a la casa de mi mamá. Luego de hablarlo con tu abuelo, él me dio el permiso, porque en ese tiempo mijo una le pedía permiso al marido, no como ahora que las muchachitas hacen lo que quieren. Durante mi estadía en Medellín, tu abuelo estuvo comiendo donde Don José que más que un patrón se volvió todo un amigo. Cuando regresé, tu abuelo me hizo sentir que me quería mucho y lo primero que dijo después de estar en la casa ya terminada fue: - Mija, vos por acá haces mucha falta, sobre todo tus arepitas que bastante falta me hicieron-, luego sonrió y me dio un abrazo.
Pasó más o menos un año pa que volviera a quedar en embarazo, pero la situación era distinta, la casa ya estaba terminada y tu abuelo se había ganado la confianza y el afecto de Don José que fue el padrino de tu tío Jaime Alonso. Una noche, de esas calurosas que hacen por aquí, el agregao de la finca del tío de tu abuelo, vino a llamar a tu abuelo pues al parecer el tío ya estaba en las últimas. Tu abuelo dejó la comida servida, llevándose media arepa en la mano y salió rapidito pa la finca.
Llegó como a las tres de la mañana medio borracho y llorando, se acostó sin decir nada y todavía vestido. Al día siguiente fue el funeral, tu abuelo no quiso desayunar bien, mordisquió una arepa y dejó media taza de chocolate. Todos bajamos al pueblo al entierro y luego tu abuelo se fue a hablar con Don José del asunto de la herencia.
-Gracias abuela, te quedó delicioso este calentao, ¿no tenés otra arepita por ahí que me regalés?
-Si mijo, pa vos siempre habrá otra arepita, es que sos igual a tu abuelo.
Me dio la arepa y se sentó a mi lado.
- Recibida la herencia, tu abuelo dejó de trabajar con el compadre José y se volvieron socios, ambos empezaron a vivir del café. En esta casita seguimos viviendo, pues a tu abuelo le incomodaba vivir en la heredada. Allá, como ahora, dejó los dormideros de los recolectores y el secadero de café, se trajo todo lo de la casa como recuerdo.
Como la situación económica era mejor, volvimos por un tiempo a Medellín, pues ahora si se podía mostrar el triunfo luego de muchas penas; vivimos en Medellín tres años y en ese tiempo tuve a tus dos tías, María del Carmen y Consuelo. Recién nacida Consuelo, nos volvimos pa la finca.
Ese tiempo fue duro. Nos tocó la época de la violencia. A tu abuelo lo estuvieron buscando pa matarlo dizque por Liberal, cuando ese nunca ha sido de ningún partido, le tocó irse un tiempo pa Ríosucio y a mi con tus tíos pa Medellín a vivir con mi mamá. Eso duró como un año. Tu abuelo me mandaba plata y cartas con un vecino que tenía finca en Ríosucio y subía mucho a Medellín, le tocó muy duro; en una de las cartas me acuerdo que me decía:
Lo único que me sostiene todavía es saber que vos y los niños están bien. Ya verás que pronto todo esto se acaba y nos volvemos pa la finquita a cultivar café y a que me hagas tus arepitas que tanto extraño.”
Él allá estaba muy solo, yo creo que hasta otra vieja tendría pero como yo no me di cuenta es como si no hubiera pasado. La finquita estuvo abandonada ese tiempo y parte del secadero de café lo quemaron los bandoleros. Cuando volvimos tocó empezar de nuevo, pero apunta de trabajo y verraquera de tu abuelo se volvió a levantar todo y desde eso está como lo conoces, claro, con algunas reformas tecnológicas como todo ahora no.
Vinieron más hijos, o sea, tus tíos Luis Eduardo, Juan José; tus tías Ruth y Sara y tu papá. A medida que crecían los mandábamos a la Escuela del pueblo. Tu tío Jaime Alonso ya estaba más grandecito y decidió irse a estudiar a Medellín; tus tías Ruth y Sara se dedicaron a la modistería y a conseguir marido. Los demás cuando fueron terminando el bachillerato se fueron a estudiar a Pereira y Manizales. Tu papá que fue el último nos convenció de irnos pa la ciudad y desde eso vivimos en Pereira ahí en la casa de la sexta que vos conocés.
Fueron tiempos duros mijo, pero Dios es grande y miranos aquí dando lata todavía. Yo creo que por eso la arepa en la vida de tu abuelo es tan importante, imaginate lo ha acompañado durante tantas luchas.
Guardó silencio, se paró recogió los platos y me dijo:
- Bueno mijo, basta de historias que nos cogió la noche y me toca ir a mercar pues acordate que viene toda la familia pal cumpleaños de Jaime, tu abuelo.
Salí de la cocina un poco elevado, nunca creí que aquel hombre viejo, serio y callado que era mi abuelo, había vivido cosas tan bellas. Fui hasta el establo, salude a Matilda mi vaca preferida, y busqué al abuelo.
- Buenos días mijo, ¿cómo amaneció?
- Bien abuelo y vos.
- Ahí mijo en la lucha
Lo miré con ternura, lo abracé y le dije: - ¡Feliz Cumpleaños Abuelo! Te invito a celebrarlo por adelantado, antes de que lleguen los demás, con una buena arepa y chocolate.-“

lunes, 12 de febrero de 2018

BULLY FREE ZONE

Cuando se acercó el momento de decidir cómo sería el inicio de la vida escolar de nuestra hija me llené de expectativas. Habíamos pensado en que la mejor opción era la escuela en casa (home schooling) haciendo hincapié en la facilidad que este método ofrece para que los niños puedan hacer otras actividades de su interés a la par con una rutina escolar. Pero cuando ya casi teníamos una decisión clara fue ella, mi pequeña, la que puso sobre la mesa de discusión su deseo de poder estar en un salón con otros pares. La necesidad de socializar. 
Luego de mucho pensar y analizar los pro y los contras, y de tener en cuenta que la escuela en casa tal vez no ofrece esa posibilidad de experimentar al otro de primera mano en cotidianidad, optamos entonces por seguir el método tradicional escolar y permitirle a nuestra hija que asistiera a clases en un salón con otros niños.
Desde ese momento entonces mis expectativas cambiaron y descubrí que había un aspecto que no me dejaba tranquilo, sabía que la parte académica y cognitiva no serían un problema más sin embargo la parte social y afectiva sí. 
Mientras la contemplaba dormida por mi mente pasaba la idea de que podría pasar si ella se veia envuelta en una situación de matoneo ya fuera como victimaria o como victima. Qué hacer si eso llegase a pasar? Cómo reaccionaría ella? Cómo reaccionaría yo? Qué haríamos como papás, como educadores?

Decidí entonces acudir a una de las mejores herramientas que a lo largo de mi vida me han permitido hacer catársis para ver con claridad el panorama, he aquí entonces el resultado de mis elucubraciones.

No pretendo acá escribir una cátedra sobre el tema ni mucho menos aportar datos nuevos sobre un tema que ha sido objeto de muchas investigaciones y estudios. Simplemente quiero compartir algunos pensamientos y experiencias que se suscitaron ante la iniciación de la vida escolar de mi hija.

SOBRE EL MATONEO

Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos visto involucrados en una situación de matoneo o bullying. Ya sea como protagonistas (víctima y victimarios), como jueces (padres o educadores) o como espectadores (pasivos o activos). La vida querámoslo o no nos ha enfrentado a este tipo de experiencias de la vida social para nada agradables. En mi caso digamos que he vivido todos. Siendo niño en el colegio fui víctima de burlas y comentarios hirientes por ser gordo. Ya cuando fui un adolescente blindado por los ataques sobre mi cuerpo supe sobresalir en otras cosas y juntarme con quienes de alguna manera gozaban de fama y aceptación pasando en algunos casos de ser víctima a victimario. No fue una época fácil, sentirse rechazado porque tenía unos kilos demás o porque no tenía la misma figura de muchos me hizo sentir triste y en ocasiones solitario, más grave aún cuando ese rechazo venía de las niñas. Pasó la época escolar y digamos que quedaron atrás esos momentos difíciles que sin duda dejaron huellas. Luego vino mi vocación de maestro y con ella el regreso al ambiente escolar uno de los escenarios más comunes del matoneo, pero esta vez con un rol diferente: juez, lidiando con los casos que a diario se presentaban. Prevención, acompañamiento y castigos en casos extremos como fórmulas para hacerle frente al problema. Años y años viviendo de cerca este absurdo fenómeno hasta que me retiré de los colegios y seguí mi vocación por otros caminos.
Finalmente ahora como papá me descubro lleno de temores por lo que pueda tocarle vivir a mis hijos.

SOBRE EL SÍNTOMA NO LA ENFERMEDAD

La experiencia personal y los tantos años de trabajo con niños, jóvenes y adultos me han llevado a sacar algunas conclusiones acerca del matoneo.
Existe una línea muy delgada entre ser víctima y victimario. No siempre tenemos el mismo rol. No siempre el matoneo ocurre sólo en la escuela. Nuestra sociedad está llena de escenarios de matoneo. La familia, cuando los padres somos quienes matoneamos a los hijos, o los hermanos mayores a los menores. En los trabajos cuando los que tienen algun nivel de mando matonean a sus subalternos. En el tráfico diario cuando con nuestra forma de conducir pasamos por encima de los demás. En nuestras relaciones de pareja cuando hacemos sentir inferior a áquel con el que compratimos la vida. Y ni hablar de las redes sociales plagadas de matoneo cibernético que es tremendamente más nocivo por su alcance público ilimitado.
Muchos dicen que el matoneo es una enfermedad de esta sociedad moderna tan caótica, pero yo me atrevo a afirmar que el matoneo por el contrario es un síntoma de lo enferma que está nuestra sociedad.
Frases como “la ley del más fuerte prevalece” o “el vivo vive del bobo” son premisas populares sobre las que se han construído todo un sistema de valores. Eso sin dejar de desconocer que la historia de la humanidad (o al menos la que nos han contado) está llena de hechos violentos de abuso y dominación.
Creo que aunque sea muy drástico y triste, es necesario reconocer que en realidad nosotros como sociedad estamos enfermos de gravedad y el matoneo es simplemente un sintoma alarmante y escándaloso.
Tal vez por eso el matoneo ha sido tan díficil de combatir y cada vez los casos son más indignantes, más increíbles y más absurdos. Estamos atacando un síntoma no la enfermedad.

SOBRE LAS HERRAMIENTAS

Qué hacer entonces? 
Primero identificar cuales son nuestros hábitos de matoneo, ya sea como padres, educadores, trabajadores, conductores etc. De esta manera no sólo vamos a ser ejemplo sino que al mismo tiempo tomamos conciencia de nuestro paradigma de valores y vamos poniendo prioridades.
Segundo, sobredosis exagerada de amor propio. Debemos enseñarle a nuestros hijos a que se acepten y se amen como son, debemos crear en ellos una roca firme de autoconfianza y seguridad.
Tercero, anular el miedo. No debemos infundir miedos en nuestros hijos y menos permitir que usando el miedo sean manipulados. Una de las armas más poderosas de los que hacen matoneo es la intimidación y el miedo. 
Cuarto, combatir cualquier manifestación de matoneo. No ser pasivos ni quedarnos callados ante cualquier situación que suponga irrespeto o humillación. Quedarse callado y no hacer nada nos hace complices del que lo hace.
Quinto, conocer las políticas de la escuela sobre el matoneo y cuáles son los protocolos necesarios a seguir en caso de que algo ocurra.
Sexto y último, comunicación franca y abierta. Hablar del tema con ellos, preguntarles si han visto situaciones irregulares, si ellos han hecho o les han hecho matoneo. Estar siempre atentos a sus estados de ánimo y proporcionarles siempre canales abiertos y seguros de comunicación para que puedan hablar cuando lo necesiten.


Dejo entonces estas palabras a consideración de quienes las lean y los invito a que enriquezcan este texto con comentarios para que abramos una discusión que nos nutra a todos y nos permita tener más elementos para hacerle frente a esta triste realidad.