miércoles, 13 de enero de 2021

FRONTERA

Después de atender a su cliente, Mariangela se puso un velo rojo sobre su cuerpo desnudo y se fue alejando entre las cortinas que hacían las veces de puerta. Su cliente aún agitado disfrutó el espectáculo de esa sensual silueta caminando y diluyéndose entre las sombras.

Marcial lloraba mientras el agua caliente caía sobre su cuerpo. Sus manos estaban ampolladas y rajadas y sus rodillas hinchadas por las largas jornadas que tenía que soportar en el campo de construcción. Cerró los ojos mientras maldecía el momento en el que le propuso a Mariangela que iniciaran la travesía. Ella no estaba segura, pero él la convenció diciéndole que era mejor que la muerte los encontrara intentándolo y no resignados.

El viaje empezó a la madrugada, tomaron un colectivo hasta Ureña donde estaba el punto de encuentro. Alli los montaron a un bus de turismo y viajaron por cerca de diecinueve horas. Con ellos iban otras veinte personas. Hicieron transbordo en un pueblo donde aprovecharon para asearse un poco y comer algo. Llegaron ya de noche a Chigorodó y alli los esperaba otro “encargado”. Durmieron unas cuantas horas y de nuevo salieron de madrugada, con otro grupo como de quince personas, con rumbo a Unguia (un trayecto de sesenta y un kilómetros, más o menos trece horas caminando) y de ahi a enfrentarse al infierno de la selva del Darién panameño.

Entre el nuevo grupo se contaban cinco iraníes que llegaron por Ecuador. La caminata era recia y sin descanso. El guia iba a paso firme y siempre incitándolos a moverse. Como a eso del mediodía, pararon para descansar y fueron emboscados por una patrulla de paramilitares, pero para sorpresa de ellos los iraníes estaban armados y repelieron el ataque. Todo fue confusión. El guia resultó muerto y el grupo se dividió, unos corrieron sin rumbo asustados, otros se quedaron con los iraníes como por instinto. En total quedaron nueve. Mariangela y Marcial, una pareja de cubanos que promediaba los cincuenta y los cinco iraníes. Uno de ellos parecía ser El Rastreador y tomó la delantera para guiar el grupo. Mientras caminaban, el que parecía ser El Líder de los iraníes les dijo a las dos parejas que una vez llegaran a un lugar seguro se separarían. Ellos iban a continuar la travesía solos y no querían compañía.

Entrada la noche llegaron a Peye; allí se asearon y comieron algo para luego descansar un poco. Mientras comían Marcial se enteró que los iraníes venían huyendo y tenían petición por circular roja de la Interpol. Eran un grupo de militares de las fuerzas especiales. - Tenemos que seguir con ellos como sea- le dijo a Mariangela. La idea de los iraníes era pasar desapercibidos y asi poder llegar a USA sin problemas, pero después de lo ocurrido en la selva con los paramilitares las cosas cambiaron, ya no era seguro llegar a Unguia. El Líder pagó para tener acceso a un radio teléfono y así hacer algunos ajustes. Descansaron lo suficiente como para reiniciar el viaje y muy temprano abandonaron el caserio. Marcial pendiente de ellos, despertó a Mariangela para que los siguieran.

Habrían transcurrido unos treinta minutos de caminata, cuando uno de los iraníes cayó al suelo gritando. Había sido herido en el brazo por las ramas delgadas de un árbol. Los demás trataron de ayudarlo. Tenía laceraciones muy abiertas. El brazo se estaba inflamando y un gran hematoma se empezó a formar alrededor de las lesiones. - Me está quemando por dentro- decía. Sin saber que hacer trataron de lavarle las heridas con agua y fue peor. - No siento la mano- gritaba. -No disparen, no disparen- Gritó Marcial. Creo que podemos ayudarlos. Mariangela se acercó, tomó el brazo del hombre, lo examinó y les dijo: - Volteen todos la cara o cierren los ojos que ya se que hacer. Acto seguido se bajó los pantalones y los panties y orinó encima del brazo cubriendo las heridas. El hombre dejó de gritar.

- Por qué nos seguían?- Preguntó enojado El Líder. - Sólo queremos protección – dijo Marcial.

- Ya les dije que no queremos compañía-

- Pero nos deben una- dijo Mariangela.

El hombre guardó silencio mientras hacia señas para que ayudaran al herido y le hiceran alguna curación, pero Mariangela les dijo que no era necesario.

- Está bien, pero siguen mis órdenes y ustedes pagan lo de ustedes.

Siguieron el camino.

Mariangela dormía por ratos. No tenía horario de trabajo fijo. Sus servicios eran requiridos las veintecuatro horas. Día y noche el burdel tenía las puertas abiertas ya fuera para aquellos que tenían afán o para los que disponían de tiempo suficiente. Ella, una cubana y dos colombianas sobresalían entre las centroamericanas y mexicanas que se ofrecían como objetos sexuales. Para ella lo mejor era no tener noción del tiempo. Sólo cumplía con su trabajo con la esperanza de que pronto acabaría.

Marcial trabajaba de siete a cuatro todos los días, menos los Domingos, en el campo de construcción y de seis a diez de Lunes a Viernes haciendo limpieza de oficinas. Los Domigos trabajaba en un parqueadero de once a once. El proyecto inmoboliario en el que estaba trabajando era bastante grande como para contar con trabajo para todo el año pero aún así la paga no le alcanzaría para lo que necesitaba. Vivía con lo mínimo para ahorrar al máximo.

Una vez comenzaron a caminar, El Líder de los iraníes se acercó a Marcial para preguntarle si tenia el dinero suficiente para continuar. Según los cálculos que él había hecho cada uno tendría que pagar $5000 dólares para que los llevaran hasta Guatemala y luego otros $5000 dólares para que los movieran a México y de ahí cruzar la frontera por Arizona. Marcial guardó silencio mientras caminaba despacio. Miró hacia arriba y le respondió al Líder que si.

El nuevo destino era Bocas del Atrato (unas nueve o diez horas de camino) donde los esperaba un hombre que trabajaba para el nuevo contacto de los iraníes y quien recibiría la mitad del pago para llevarlos en lancha hasta Ustupu en Panamá. Los iraníes no hablaban mucho, sólo lo necesario. Cuando llegaron a Bocas del Atrato ya casi cayendo la tarde, el lanchero les dijo que tenían que esperar hasta la noche para salir. Les contó que los paramilitares hicieron correr la voz sobre los iraníes y que debían tener mucho cuidado. Estuvieron escondidos en un camión por unas cuantas horas hasta que llegó la hora de embarcar. El viaje en lancha no era muy largo. Iban acostados cubiertos con unas lonas de pesca por si la Guardia Costera los paraba. Lograron llegar sin contratiempos. Desembarcaron y allí los esperaba una camioneta Chevrolet Pick up del ochenta que los llevaría hasta la carretera 1 o Panamericana, donde tomaron un bus que luego de nueve horas de camino los dejaría en San Carlos.

Mientras los demás dormían, Marcial y El Líder seguían despiertos. El primero pensando en cómo iba a hacer para conseguir los $10000 dólares que le hacían falta para cuando llegaran a Guatemala. El segundo revisaba una y otra vez el plan para estar seguro que nada más saldría mal.

Pasadas unas cuatro horas de camino, el conductor anunció que había un retén más adelante. De inmediato El Líder despertó a los demás y se fue hasta donde el conductor para preguntarle si era un retén militar o de quien. El ayudante le respondió que era un retén paraco. - Detenga el bus- gritó el iraní. Acto seguido se bajaron y se perdieron entre los árboles. Tocaba improvisar. El Líder hizo una llamada desde un celular que le dio el hombre de la lancha para notificar, a quienes los esperaban en San Carlos, del retraso. Estuvieron un rato escondidos, mientras El Rastreador encontraba una ruta que les permitiera bordear el retén y salir a la carretera de nuevo. Caminaron bordeando el valle como unos cuarenta y cinco minutos hasta que El Rastreador señaló un punto donde se veían pasar carros. El Líder ordenó a dos de sus hombres que se adelantaran para ver si era seguro salir por ahi. El punto daba salida a una curva en la carretera, los hombres hicieron una señal para que continuaran. Una vez todos juntos El Líder le pidió a Marcial y a Mariangela que fueran ellos los que trataran de parar un bus o una camioneta. Luego de unos quince minutos seguían ahi parados. - El problema es que estamos en una curva y no se ve bien que viene- dijo Mariangela. - Vamos a caminar un poco para tener mejor visual, gritó Marcial para que los militares supieran. Estaban llegando al final de la curva cuando vieron venir un camión de estacas. Hicieron señales para que parara y disminuyó la velocidad pasando despacio en frente de ellos mientras que al mismo tiempo salían los iranies de entre los arbustos.

Los Algodones es un poblado en Baja California, México. En carro queda a más o menos entre quince y veinte minutos de Yuma en Arizona, tomando la Intestatal 8. Por ser fronterizo es un lugar donde se mezclan las culturas de lado y lado. Además de tener fama sus excelentes clínicas y servicios dentales, que aprovechan locales y turistas, también tienen fama los locales de servicios sexuales.

Aunque Marcial entró por Arizona no pudo quedarse en ese Estado debido a las persecuciones del sheriff Joe Arpaio. Siguiendo las recomendaciones de muchos llegó hasta Texas donde los inmigrantes recién llegados tienen más oportunidades de trabajar y no estar en riesgo de ser descubiertos.

El camión de estacas los llevó por toda la Panamericana hasta San Miguelito. Allí compraron unos tiquetes de autobus y siguieron su marcha hasta San Carlos. El contacto los estaba esperando en un restaurante llamado Terrazas del Mar. Después que El Líder se reuniera con el isleño y le diera la otra mitad del pago, se montaron en unos camperos y los llevaron a uno de los hoteles de la zona que es bien turística. Se asearon y descansaron. Marcial y Mariangela aprovecharon para tener sexo, necesitaban sentirse unidos y fuertes y renovar su compromiso en medio de tan loca aventura. Tenían que esperar la llamada del contacto, quien era uno de los guardaespaldas de un militar retirado panameño que le debía favores al Líder. El Mayor, era quien les había conseguido una nueva ruta y quien los ayudaría a llegar a la frontera con México. Aunque era un favor para El Líder, El Mayor se quedaría con el cuarenta por ciento de los primeros $5000 dólares. Irían por tierra desde San Carlos hasta Ocós, un viaje de unas treinta y dos horas sin parar. El mayor les facilitaría un camión con licencias militares que tenía una cabina refrigerada con doble fondo, equipado con bolsas para dormir y comida suficiente para no tener que parar sino al baño. Dos hombres con salvoconductos militares y los respectivos permisos para cruzar las fronteras de Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Guatemala serían los choferes. La llamada por fin se recibió casi a la media noche, en veinte minutos los recogerían en los camperos y luego los llevarían a unas bodegas donde estaba listo el camión.

Los iraníes hablaban muy poco, ni entre ellos sostenían una conversación por más de 20 minutos. El largo viaje lo utilizaron para dormir y jugar cartas por invitación de Marcial y Mariangela que no durmieron tanto. Marcial buscaba conversar a ratos con El Líder. Todo estaba yendo como lo habían planeado. Pararon al cuarto y a los tres cuartos de jornada sin mayores novedades. En las fronteras los dejaban pasar sin hacer muchas preguntas, eso sí siempre revisaban la cabina refrigerada que estaba cargada con comida de mar y bajo cero. En una de las partidas de cartas, el iraní herido por las ramas del árbol le dio las gracias a Mariangela y le preguntó cuál era el plan de ellos al llegar a Estados Unidos. Marcial le respondió que lo importante era poder llegar, porque asi fuera como fuera iban a estar mejor que en Venezuela.

Serían como las cinco y veintiuno de la mañana cuando el camión se detuvo. De inmediato se escuchó una gritería y luego unos disparos. El Líder empuño su arma y dio la señal de stand by a los demás. De pronto el camión se puso en movimiento. Algo ya no estaba saliendo como lo habían planeado. Unos treinta minutos más tarde, el camión se detuvo y se apagó la refrigeración de la cabina. Luego tres hombres subieron y empezaron a descargar las cajas. Estaban en Cuyotenango, Suchitepéquez. Una ciudad a dos horas de Ocós. El Líder no sabía que estaba pasando. Aparentemente el camión había sido asaltado por la mercancia y mientras no se supiera del doble fondo estaban a salvo. Una vez terminaron de bajar las cajas un hombre dio la orden de cargar el camión de nuevo, pero esta vez con una mercancia mucha más valiosa. La orden del Líder fue esperar y guardar silencio. Los nuevos dueños del camión era integrantes de la clica Crazy Gangsters, la más grande de la mara Barrio 18. Lo usarían para pasar armas y drogas hasta Mexicali, Baja California y de ahi a Los Angeles, California. Para El Líder la nueva situación no era del todo negativa. Al menos perseguían el mismo objetivo: llegar la frontera para pasar a USA. Entonces, le pidió al Rastreador que calculara cuantas horas de viaje tardaría la nueva ruta. Después de un rato le respondió:

- Cuarenta y cuatro horas, más o menos, sin parar. -Vamos a aguantar hasta donde más podamos entonces.- Ordenó el Lider. Para Marcial había sido un milagro, hasta ahora se estaba ahorrando los $10000 que no tenía.

Mariangela y Marcial llevaban ya siete años como pareja. Ambos titulados de la UCV con sede en Maracay. Sus vidas eran normales y ordinarias hasta que la crisis en Venezuela se hizo general y perdieron sus trabajos. Se fueron a vivir a Tachira para estar más cerca de la frontera y hacer la vida más llevadera. Una noche mientras estaban acostados en la cama, desnudos después de haber tenido sexo, Marcial pensó en voz alta: -Y si nos vamos para la USA?- Mariangela se sentó en la cama y respondió: A qué?- -Para huirle a la muerte, prefiero que si nos encuentra sea intentándolo y no resignados. Allá asi sea limpiando pisos vamos a estar mejor que acá.- Mariangela se acostó, lo abrazó y con los ojos cerrados le dijo: - Como tú quieras.-

En cuestión de tres meses Marcial hizo todas las diligencias para hacer posible el viaje. Consultando aqui y allá decidió que lo que económicamente más les convenía era la travesía por Panamá y Centroamérica. Unos primos suyos ya la habían hecho y lo pusieron en contacto con las agentes de viajes. Al mismo tiempo le enviaron a modo de préstamo todo el dinero suficiente para que no demorara más. Por su parte Mariangela se puso a preparar posiones y unguentos con plantas, arte que había aprendido por una tía curandera, para asi venderlos y recoger algo más.

Una noche lluviosa de Septiembre, Marcial se despertó sobresaltado. Estaba sudando. Parecía como poseído. Tiró las cobijas al piso y al mismo tiempo que desnudaba a Mariangela se le montaba encima. Ella entredormida se demoró en reaccionar. Cuando abrió bien los ojos Marcial la estaba penetrando con fuerza. El coito duró más de lo normal. Cuando terminaron, Mariangela se levantó se puso un velo rojo sobre el cuerpo y se fue caminando en puntillas hasta la ducha. Marcial tendido en la cama casi sin aire se deleitó viéndola alejarse.

Según El Líder con ellos en el camíón iban cinco hombres más. Tres en la cabina refrigerada (que iba apagada) y dos en la parte de adelante que se turnaban para manejar cada seis horas cuando paraban para hacer necesidades fisiológicas y dejar que los de atrás respiraran un poco. Ya habían pasado como unas dieciocho horas desde que salieron de Cuyotenango en un viaje tranquilo. Guardaban el mayor silencio posible. Tenían dos raciones de comida que perfectamente les alcanzaría para aguantar las cuarenta y cuatro horas y habían logrado hacer un hoyo en el piso de la cabina que hacía las veces de letrina. Los iranies, entrenados para jornadas como éstas siempre estuvieron atentos y minizaron sus necesidades corporales. Llegando a Ejido, Hermosillo como a cincuenta y tres minutos de Mexicali el camión se detuvo en un lote de deshuese de carros. Una parada fuera del horario. Los hombres de la cabina refrigerada se bajaron para hablar con los de adelante. Habían recibido información sobre una redada policial cerca de su destino final y no era seguro continuar. Debían esperar instrucciones del jefe de la clica. El Líder se inquietó. No le gustaba sentirse a ciegas, pero tenía que ser paciente para tener más información. Una hora más tarde sintieron que llegaron cuatro carros y más hombres. Uno de los choferes recibió una llamada. La instrucción era simple, pasen la carga a los carros y quemen el camión. El Líder tenía que pensar rápido. No podían morir quemados. No podían hablar muy fuerte, pero dio instrucciones a sus soldados. Tenían que derribar la división doble fondo y enfrentarse a los pandilleros que estuvieran en la cabina refrigerada cuando estuvieran terminando el descargue. Según sus cálculos eran en total trece hombres todos armados. Tomaron posiciones. Marcial y Mariangela estarían detrás de ellos cubriéndose. A la señal del Líder los cinco soldados se fueron de frente contra la división del doble fondo y abrieron fuego contra los cuatro hombres que estaban terminando de bajar cajas. Usándolos como escudos siguieron hasta la puerta de la cabina y dispararon contra los de los carros. Los pandilleros repelieron el ataque sorpresa como pudieron. No fue un intercambio muy largo de disparos pues ninguno de los dos bandos tenian armas y municiones suficientes. Aunque los iranies lograron bajarse del camión y abrirse camino para la huida dejando varios pandilleros heridos y otros muertos, también contaron en sus filas con un herido y un muerto. Marcial y Mariangela se habian quedado muertos del miedo en el camión. Cuando ya los disparos pararon se bajaron del camión y corrieron para alcanzar al escuadrón que estaba buscando un carro en el que pudieran huir. Con lo que no contó El Líder era que el lote pertenecía a la clica y habían más pandilleros en el lugar. Los disparos empezaron de nuevo y esta vez no tenían como enfrentarse a ellos. Como pudieron se protegieron entre las filas de carros mientras los pandilleros se acercaban más. El herido decidió que él los cubriría mientras ellos buscaban como salir. Se escondió debajo de una torre de latas y desde ahi empezó a dispararles a los que se acercaban. El Líder ordenó a los dos soldados restantes que se separaran para rodear la zona y a Marcial y Mariangela que se quedaran con él. El herido no aguantó mucho y fue dado de baja. Los dos que tenían la misión de rodear la zona atacaron hasta que se quedaron sin municiones y luego huyeron. El Líder, Marcial y Mariangela lograron saltar un muro y escapar. Se deshicieron de los morrales y trataron de parecer transeuntes regulares. Caminaron hasta un parque y ahi se camuflaron entre la gente. Nadie los perseguía pero era mejor cuidarse. El Líder encendió el celular que le había dado el hombre de la lancha y llamó al mayor para ponerlo al día de los sucesos. No había mucho él pudiera hacer a distancia pero le prometió conseguirle el número de un coyote que los podría ayudar a cruzar. Caminaron hasta un super mercado y se sentaron en la cafetería. El Líder después de recibir el número llamó al coyote. Les cobraría $2500 dólares por cabeza para pasarlos. Los esperaría en Los Algodones. Para Marcial la noticia no fue la mejor, no tenía $5000 dólares. Aún así le siguió el plan al Líder y luego de comer algo salieron a buscar la estación de buses. En el trayecto de treinta y tres minutos, Marcial le confesó a Mariangela que no tenían como pagar para cruzar. Ella no mostró sorpresa alguna y poniéndole la mano en la boca sacó un saquito de paño y se lo entregó. Eran unos zarcillos que había heredado de su madre y que estaba segura valían mucho.

Una vez en Los Algodones tenía que llegar a Caliente Casino para encontrarse con el coyote. Al entrar al lugar se separaron y sólo El Líder iría al encuentro. Según las instrucciones que recibió se sentó en una de las máquinas traga monedas. Minutos después una mujer se sentó en la máquina del lado al mismo tiempo que enviaba un mensaje de texto: - Estoy a tu lado, habla sin mirarme.- La conversación con La Coyote fue sucinta a los detalles. Se verían de nuevo en unas cuatro horas en un lugar llamado Auto Partes Rodriguez. Al salir del casino, Marcial le dijo al Lider que necesitaba vender los zarcillos para pagar. El Líder los examinó y le dijo que tal vez no le darían lo suficiente por ellos que mejor se los diera a él que se le había ocurrido una idea. Recorrieron algunas calles del poblado y El Líder aprovechó para ver si conseguía municiones sin levantar sospechas. Llegada la hora, se dirigieron al lugar para encontrarse con La Coyote. Luego de que un hombre los atendiera en el mostrador, los hizo pasar a la bodega y entrando por una puerta falsa finalmente los recibió la mujer que estaba acompañada por cuatro mujeres más. Los requisaron y le quitaron el arma y el celular al Lider. Marcial y Mariangela por instrucciones del Líder no hablaban. - Son $2500 por persona- dijo La Coyote. El Líder le entregó un sobre con $3000 y el saquito de paño con los zarcillos y unas monedas de oro. La mujer examinó el contenido del saquito y se rio. - Y a ti quien te dijo que yo soy una casa de empeño cabrón? A mi me valen verga tus joyas. - No son joyas cualquiera, pertenecen a la colección de un jeque al cual yo le serví por muchos años. Estoy seguro que valen más de lo que te debemos.- La mujer dudo ante las palabras del Líder y le entregó el saquito de paño a una de sus guardaespaldas. -Está bien, siempre hay una primera vez-. Luego les explicó que los pasarían por una ruta cruzando el Río Colorado que estaba a unas cuantas calles de ahi. Al cruzar estarían en Yuma territorio americano. Se tendrían que cambiar de ropa para ponerse todo negro, incluso pintarse la cara. Un camión de basura los recogeria y se camuflarían entre las bolsas negras. Luego irían hasta un vertedero cercano al río donde el camión los descagaría como basura. Finalmente ellos tendrían que moverse entre la basura y las bolsas negras para alcanzar las aguas y cruzarlas.

La Coyote, además de ofrecer los servicios migratorios ilegales también se dedica a administrar personal como ella lo decía. Para ella el trato con El Líder era un negocio redondo. No sólo se quedaría con el dinero y las joyas por el cruce sino que además tenía sus planes paralelos. Mientras ellos se cambiaban, ella hizo un par de llamadas. La primera para hablar con los que se harían cargo del Líder y de Marcial.(Barrio 18 había puesto precio a la cabeza del Líder). La segunda para que tuvieran todo listo para la llegada de Mariangela. Llegó el camión y sin perder tiempo se montaron en la bandeja trasera que estaba casi llena de bolsas de basura negras. Se instalaron como pudieron. Al lider le pareció extraño que sólo iban ellos tres cuando normalmente pasan grupos más nutridos. Avanzaron a lo sumo unas trece calles cuando se detuvo el camión y oyeron la señal pero no se empezó a mover la bandeja para verter las basuras. -Algo anda mal, esa maldita Coyote nos engañó. A partir de ahora cada uno por su cuenta.- dijo El Líder. Acto seguido buscó afanosamente entre las bolsas algún objeto que le sirviera para defenderse. Se oían pasos y la bandeja se empezó a mover vertiendo la basura. Afuera los esperaban, junto a dos camperos, una media docena de hombres armados, pertenicientes a un cartel que hace negocios con los del Barrio 18; y también las guardaespaldas de La Coyote junto a una camioneta. Al caer junto con las bolsas El Líder tenía un pedazo de vidrio en su mano pero no intentó nada al ver su desventaja. No los dejaron ni parar cuando los separaron, las mujeres se llevaron a Mariangela y los otros al Líder y a Marcial. Cuando los estaban tratando de montar al campero, El Líder hizo su movimiento y con el vidrio logró herir a dos de los hombres que los custodiaban para luego correr hacia el basurero mientras esquivaba los disparos. Un hombre se quedó con Marcial y los demás se fueron a buscar al fugitivo. Marcial estaba como ido, todo fue tan repentino que ni tiempo tuvo de reaccionar. Aún no le cabía en la cabeza que Mariangela no estaba, la camioneta en la que iba ella ya se había ido y él no había hecho nada. Tirado en el piso lloraba de rabia e impotencia mientras le apuntaban con un fúsil en la cara. Los disparos se detuvieron y los hombres se dividieron en dos grupos para buscar al lider que tenía por ventaja la oscuridad de la noche y su vestimenta negra. -Para dónde se la llevaron?- preguntó Marcial. -Te la hicieron fea vato, si La Coyote se quedó con ella es porque la va poner a chambiar en una de sus casas.- Se escucharon disparos. El Líder había matado a dos hombres y ahora estaba armado. Su objetivo era cruzar el rio no enfrentarse a sus perseguidores.

Mariangela iba llorando y gritando en la camioneta. Cuando se detuvieron la bajaron a la fuerza y la metieron en un local que tenía un aviso púrpura encendido: Venus. Adentro la esperaba una mujer madura y gorda, quien hacía las veces de administradora. - Bienvenida! La Coyote siempre con tan buen ojo. Esta será su casa de ahora en adelante.- La dejaron sola para que se cambiara mientras cerraban el cuarto con un cándado. El lugar tenía tres pisos. En los dos primeros funcionaba el negocio y en el último vivían las mujeres que allí trabajaban. Muy pocas estaban ahi por voluntad propia. La mayoría eran centroamericanas y mexicanas que eran traídas con la promesa de cruzar la frontera. La Coyote era muy astuta y sabía como hacer para que su negocio siempre estuviera produciendo. Las movía de local cada cuatro meses (tenía en la zona unos seis negocios parecidos) para asi variar la oferta para sus clientes. Como el sueño de muchas era cruzar la frontera, La Coyote entonces se entrevistaba con ellas en la oficina de la administradora, el primer día de llegar al local, y les proponía lo siguiente: trabajar para ella un año, sin intentar escapar o dar problemas, y entonces les facilitaría el cruce de la frontera. De ese encuentro sólo salían las que aceptaban. Tendrían su propio cuarto para vivir y les darían lo necesario para que siempre estuvieran aseadas y bien presentadas. Los clientes pagaban por los servicios a la administradora más la propina que iba directo a la mujer de turno. Las trabajadoras recibían un salario semanal (una miseria), que se compensaba con las propinas, y constantemente las estaban examinando para que estuvieran libres de drogas y enfermedades.

El Líder logró perder a los hombre que lo buscaban. A su derecha podía escuchar el correr del rio. Su objetivo estaba más cerca que nunca. Se empezó a arrastrar entre las bolsas y cada vez se oía más cerca el correr del rio. Se detuvo por un instante y miró hacia atrás. Se devolvió para ayudar a Marcial. Escondido entre la oscuridad y las bolsas pudo ver que levantaban a Marcial para meterlo al carro mientras uno de los hombres hablaba por teléfono. Disparó a las llantas y a las luces para crear confusión mientras le gritaba a Marcial que corrriera. Marcial corrió como nunca lo había hecho en su vida hasta que se tropezó con las bolsas. Los hombres disparaban sin saber a donde. El Líder buscó a Marcial y lo arrastró hasta un lugar seguro. - No perdamos más tiempo, ahi está el rio.- Marcial cerró los ojos para recodarla alejándose de la cama con el velo rojo sobre su cuerpo desnudo y se metió al agua.

Más se demoró Mariangela en salir de la entrevista con La Coyote que en estar ya en el primer piso trabajando. No podía contener su rabia y sus lágrimas pero sabía que esto no era un juego. Cerró sus ojos, pensó en Marcial y decidió que la única forma de sobrevivir a esta pesadilla era haciendo que sus encuentros fueran como áquel de la noche lluviosa de Septiembre. Al fin y al cabo sería sólo un año.

Una vez cruzaron el rio, lograron refugiarse en la APS Yucca Power Plant. Necesitaban ropa nueva y descansar. Mientras Marcial no salía aún del schock, El Líder sigilosamente se fue a buscar como salir de ahi. Se encontró una camioneta de servicio de la compañia. Tomó unos uniformes y regresó donde Marcial. Mientras trataba de explicarle como saldrían en la camioneta haciéndose pasar por trabajadores de la compañía, Marcial le respondió: -Tengo que regresar por ella.- El Líder guardó un momento silencio y luego tomándolo por el cuello le dijo: - Y con qué agallas piensas hacer eso? Si regresas van a morir los dos. Si te quedas y esperas, tal vez vuelvan a estar juntos. Ya estas acá y esa es tu ventaja.- -Ayúdame entonces- suplicó Marcial. El Líder caminó hacia la camioneta. Manejaron por la Old US 80 hasta llegar a San Lucy Village. Allí abandonaron la camioneta. El Líder entró a un minimercado y salió con unas cervezas, un celular y una billetera. Buscaron un motel y por fin descansaron. El Líder hizo un par de llamadas, luego le dijo a Marcial: - Hasta acá llegamos. Mañana alguien viene por mi. De ahi en adelante estarás solo. Si quieres te puedo dejar algo de dinero.- Marcial asintió para luego decir: - Necesito que me ayudes a recuperarla- El Líder le entregó el celular que ya marcaba un número: el de La Coyote.

Acostado bocarriba mientras miraba el ventilador moverse, Marcial rompió en llanto. Maldita la hora en la que se le ocurrió ese viaje. Maldita Coyote. Maldita situación. Ya habían pasado nueve meses y esa impotencia feroz lo atacaba cada noche. Lo poco que dormía trataba de utilizarlo para soñar con ella, para no perder la esperanza del reencuentro. La Coyote había sido muy clara: Mariangela sería de ella por un año, cualquier intento de acercarse o de recuperarla le costaría la vida. A Marcial no le quedaba otra opción que trabajar y ahorrar para pagarle a su primo y para tener el dinero suficiente cuando Mariangela regrese. Mientras tanto para mitigar su culpa y su tristeza en medio del insonmio recordaba esa silueta con el velo rojo encima alejándose y sus manos tratando de atraparla. Ya no sabía si lo estaba intentando o se había resignado.

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