martes, 23 de febrero de 2010

GO WEST

Como este blog fue creado para expresarme, acá les seguiré publicando algunas de mis producciones literarias. Ojalá las difruten y comenten tanto como las otras publicaiones.

Enfiló las 6 balas frente a su cara. Las miraba detenidamente como buscando una razón para hacerlo. Quizo ponerle un motivo a cada bala, pero se dio cuenta que no tenía motivos, es más descubrió que seis balas eran demasiadas, que con una sola bastaría. Lo dejó al azar y eligió una sola. La metió en el tambor del revolver Viejo, herencia de su abuelo. Quizo hacer girar el tambor como lo hacen en las películas, con tan mala suerte que la bala se cayó. Era como si su motivo se hubiera caído también. Volvió a recordar que no había motivo, se agachó bajo la mesa a buscar la bala para ponerla en su sitio de nuevo. Tardó unos minutos en encontrarla. Por fin. La puso de nuevo en uno de los orificios del tambor y lo cerró sin más.

Pensó como sería mejor si en la cabeza, en el corazón o tal vez al costado, como hirieron al Nazareno, como entre el corazón y los pulmones para tener algo de agonía. Decidió que en la cabeza, no quería sufrir. Verificó que la bala siguiera ahí y que nada fallaría.

Se sentó. Miró a su alrededor. Lo extrañaría todo.

Comenzó de nuevo a buscar un motivo, pero aún no lo tenía. Sería posible hacer algo así sin un motivo?. Dudó por algunos minutos pero ya había tomado la decision. Se sintió triste, se sintió valiente.

Miró el reloj, ya era hora.

Tomó el revólver con las dos manos, lo separó de su cuerpo al extenderlas. Puso atención al apuntar. Seguía sin tener un motivo, pero ya era demasiado tarde.

Sintió que la puerta se abría. Cerró los ojos, una lágrima corrió por su rostro al mismo tiempo que la bala viajaba por el aire hasta su destino final. La puerta se terminó de abrir. Su cuerpo estaba ya en el piso.

Los ojos abiertos, los pómulos salpicados de sangre. Tenía un hueco en la mandíbula. Se acercó para verla. Apenas tuvo su rostro frente al suyo y pudo ver sus labios y sus ojos, recordó que si tenía motivos. Lloró. Soltó el revólver. Le dió un beso en la boca. Salió camino a su casa repitiéndose a si misma: Yo no soy gay!.