Fue
una noche de viernes en la que Liudmila llegó a Estados Unidos por
primera vez. Se perdió en el aeropuerto de Miami lo que le salió
costoso porque varios conductores de Uber le cancelaron el servicio
al ver que no aparecía. Luego de casi media hora por fin un paciente
conductor la encontró y la rescató de ese laberinto de puertas con
letras y números. Ya instalada en el carro, parecía una niña de 5
años con su cabeza afuera en la ventana asombrada con cada paisaje
urbano que veía. No pudo contener sus lágrimas y con un inglés
bastante difícil de entender le empezó a contar a su chofer lo que
para ella significaba este viaje.
Liudmila
tenía apenas 21 años, un rostro de ángel y una mirada hechizante.
Llevaba ahorrando desde los 16 para poder viajar a Estados Unidos, a
pesar de toda la propaganda anti yanqui del gobierno y de las
advertencias de su madre ella tenía muy claro que cuando cumpliera
la mayoría de edad saldría del país con rumbo a América.
Gracias
a su jefe pudo conseguir todos los documentos necesarios y planear su
viaje. La noche antes de partir le contó a su madre, quien nada pudo
hacer para evitar que su hija se embarcara hacia esa horrible tierra
donde prostituyen a las jovencitas rusas y las secuestran para
volverlas esclavas o sirvientas.
Los
17 minutos que duró el trayecto hasta el hotel ya fueron para
Liudmila una recompensa suficiente. Su alegría la llevó a gritar:
“Smells like freedom”
Andrei
vestía esa tarde una camiseta del Real Madrid con el número 10 en
su espalda y el nombre de James, unos jeans desgastados y unos tennis
adidas. Cargaba un morral gris con negro y caminaba con prisa. Entró
a la casa de empeño La Ideal y de su morral sacó dos celulares que
le compraron sin mucho trámite por unos $600 dólares. Salió un
poco agitado y de inmediato contactó por mensaje de texto a uno de
sus proveedores. Un hombre latino lo recogió en un Toyota Yaris unos
diez minutos más tarde y lo llevó hasta un lote por Opa Locka donde
supuestamente funciona un taller de mecánica. La transacción la
hicieron en la parte de atrás. Al salir de nuevo envió un mensaje
de texto y unos 5 minutos más tarde un hombre negro lo estaba
recogiendo en un Dodge Charger blanco. El recorrido duró más o
menos dos horas y media. Visitaron Walmart, Whole Foods, dos
pizzerias, un vapeshop, una tienda deportiva, un buffete chino y
finalmente un L.A Fitness. Al parecer esta nueva mercancia se vendía
rápido, por algo la llamaban “The touch of God”. Recibió una
llamada de uno de sus mejores clientes que lo estaba esperando cerca
de su aparmento en un parque en Sunny Isles. En cuestión de diez minutos
llegó al lugar y realizó la última venta de la tarde. Había
invertido $500 dólares y ya tenía en su bolsillo cerca de $1,500
dólares y apenas habia vendido tres cuartos de la mercancia.
Andrei
vivía solo en un aparta estudio en Miami desde hace ya dos años. Su
madre lo sacó de su casa en New York porque como no había pasado
los examenes de ingreso a la universidad se la pasaba haciendo nada y
viendo fútbol todo el día.
Lo
mandó a Miami a que trabajara con su tío Antov que tiene un negocio
de asbestos pero Andrei ya tenía otros planes. Trabajó con su tío
un mes esperando que le aprobaran la aplacación para mudarse a su
aparta estudio. Desde New York ya tenía sus contactos y aunque
empezó moviendo pequeñas cantidades de mercancia en poco tiempo se
convirtió en uno de los mejores expendedores de la zona que cubre
desde Aventura hasta South Beach y toda la zona de Biscayne
Boulevard. Su éxito radicaba en que no era el típico jibaro que por
más que quisiera pasar desapercibido siempre se hacía notar.
Conseguía sus clientes en fiestas, canchas sintéticas, gimnasios y
por referidos. Le gustaba hacer sus entregas en lugares públicos y
concurridos generalmente frecuentados por sus clientes de esa manera
no levantaba sospecha alguna. No le gustaba manejar asi que siempre
acudía a alguno de sus amigos para que lo transportara o incluso a
los mismos clientes.
Caminó
desde el parque hasta su aparta estudio. Comió algo de pizza, que
había comprado en su recorrido, y se acostó a dormir porque en la
noche tenía que ir a los clubs nocturnos a divertirse mientras
terminaba de vender el cuarto de mercancia que tenia.
Nadezhda
y Ekaterina se conocieron hace dos años, cuando llegaron a Miami a
trabajar en la agencia de modelos del señor Kovarov. Las recogieron
en limo y las llevaron a una casa hermosa ubicada en Hollywood Beach.
Alli las ayudo a instalar Sergei y después las llevó a cenar. Al
día siguiente irían a la agencia para firmar el contrato y empezar a
trabajar. Esa noche mientras dormían sedadas, Sergei se apoderó de
sus pasaportes y documentos de identidad. Al despertar ya no estaban
en la misma casa suntuosa sino que las habían llevado a un
apartamento en North Miami. Las reglas eran otras ahora. No había
ningún contrato que firmar. Si querían sus pasaportes y su vida de
regreso tenían que trabajar para el señor Kovarov por al menos dos
años. Nada les faltaría. Sergei se encargaría de darles documentos
de identidad con nuevos nombres y de tenerlas como unas reinas,
siempre y cuando ellas cumplieran con su trabajo. Si trataban de huir
o de denunciarlos los primeros en pagar las consecuencias serian sus
familiares en Rusia, y finalmente ellas que terminarían como adictas
callejeras abandonadas en otro Estado. Las dos jóvenes no opusieron
mucha resistencia pues una de ellas ya tenía idea de lo que en
realidad pasaría a su llegada y le había vendido la idea a la otra.
No recibirían ningún pago en esos dos años a no ser las propinas que
sus clientes les dejaran. Tendrían acceso a los mejores gimnasios,
restaurantes, hoteles, almacenes, clubes privados, fiestas y eventos
de interés en las zonas turísticas de South Beach. Ellas por su
hermosura y porte, a diferencia de otras, no trabajarían en uno de
los strip clubs propiedad del señor Kovarov, sino que serían damas
de compañía de alto nivel que cualquier adinerado hombre podía
tener por unas horas o por la noche completa, ya fuera porque pedían sus servicios a través de las redes del señor Kovarov o porque se
conocieran en cualquiera de los sitios.
Las
puertas del Club Story abren a las 11:00 pm y se cierran un poco más
allá de las 5:00 am. Era un Sábado ya pasada la media noche y la
larga fila para ingresar al club, que tendría la presentación de DJ
Tiesto, obligó a la policia a cerrar parte de la calle. En la
entrada VIP, estaban Nadezhda y Ekaterina junto a otro grupo de
modelos del señor Kovarov que ya estaban agendadas. En la larga fila
estaba Liudmila viviendo su fantasía. Unos metros más atrás estaba
Andrei, haciendo algunas entregas mientras saludaba desprevenidamente
a sus clientes en la fila. Cuando vio a Liudmila se quedó mudo por
unos segundos contemplando ese rostro inocente y angelical lleno de
extasis. Ella lo miró con eso ojos hechizantes y le dio la espalda.
La fila avanzó un poco. Andrei se le acercó le dijo algo en ruso y
la tomó de la mano sacándola de la fila. Ambos se dirigieron hasta
la entrada VIP, donde Andrei saludo a uno de los guardias mientras le
pasaba una dosis e ingresaba al lugar.
El
ambiente era fabuloso, el club estaba a reventar. La música
electrónica y las balarinas estilo circus extravaganza invitaban a
dejarse llevar. Nadezhda y Ekaterina estaba en la super exclusiva
zona VIP en una mesa con unos clientes alemanes. Andreí arrastraba a
Liudmila quien estaba atónita ante el espectáculo. Llegaron a uno
de los 5 bares del lugar y ordenaron unos tragos. No hablaban mucho,
solo cruzaban sus miradas y de vez en cuando sonreian. Se fueron a
bailar al piso principal mientras anunciaba la pronta presentacion de
Dj Tiesto. Ambos estaban disfrutando al máximo. Desde la mesa,
Ekaterina le hizo una seña a Andrei para que se acercara. El la
ignoró porque no quería dejar a Liudmila y porque ya tenia tres
pares de dosis que seguro no le alcanzarían para satisfacer el
pedido de la modelo. Pasaron unos minutos hasta que Sergei se acerco
donde Andrei y lo invito a ir hasta la mesa. Le apretó la mano a
Liudmila y se abrieron paso entre el mar rítmico de gente.
Al
llegar a la mesa Ekaterina saludo a Andrei sin quitarle la mirada de
encima a Liudmila, ese rostro de ángel y su mirada hechizante era
justo lo que necesitaban para cerrar el trato con el señor Kovarov y
recuperar su libertad. Cuando Andrei la fue a saludar ella le susurró
algo a uno de los alemanes y de inmediato dijo que la fiesta seguía
en otro lugar y que ellos estaban invitados. Le hizo una señal a
Sergei y fueron saliendo sin mucha prisa.
El
viaje hasta el Hilton Bentley fue muy corto. Desde el garage tomaron
el ascensor hasta el penthouse. Era una fiesta muy privada tan solo
estaban los dos alemanes las tres mujeres, Andrei y Sergei. Al llegar
Nadezhda se llevó a Andrei hasta el bar para servir los tragos y
Ekaterina se llevó a Liudmila al living room mientras Sergei
terminaba de instalar a los alemanes.
Liudmila
y Ekaterina hablaron en ruso, se rieron, se hicieron amigas. Nadezhda
le pidió a Andreí que sacara la droga para comenzar la fiesta. Se
la entregó a Ekaterina quien les repartió una dosis a cada uno.
Liudmila dudo un poco pero al final la acepto. Casi que como
tomandose un trago de vodka cada uno se metió su pase mientras
cerraban los ojos. Las pupilas se empezaron a dilatar y el corazón a
latir más rápido. El embate de adrenalina los puso eufóricos hasta
dejarlos en éxtasis. Bailaron sintiendo que flotaban, se rieron a
carcajadas, alucinaron y sintieron que ese toque de Dios los llevaba al cielo.
Por
más influencias que el señor Kovarov tuviera, el escándalo no se
pudo evitar.
A
las fueras del hotel en el parqueadero de Nikki Beach se apostaron
los camiones de los noticieros. La zona había sido acordonada.
“Estamos
en vivo desde el Hotel Hilton Bentley donde en la madrugada en hechos
aún confusos una joven mujer rusa asesinó brutalmente a dos
inversionistas alemanes, dos modelos y a un joven comerciante en el
penthouse del reconocido hotel de South Beach. Luego del terrible
hecho la mujer se lanzó desde el balcón en lo que algunos testigos
describieron como el vuelo de un ángel. Aún las autoridades no han
dado ninguna declaración oficial pues todavía se considera una
escena del crimen activa. Sigan ustedes en estudio.”
Sergei
lo vio todo, pero no dijo nada. Mientras era interrogado en la
estación de policía guardó silencio, incluso teniendo un intérprete.
Al terminar el interrogatorio, se acercó al intérprete y le dijo en
ruso:
“Era
Pavlichenko, lo hizo igual que en Crimea y Odessa, el ángel de la
muerte estuvo aquí.”