martes, 7 de enero de 2020

MOTHER RUSSIA


Fue una noche de viernes en la que Liudmila llegó a Estados Unidos por primera vez. Se perdió en el aeropuerto de Miami lo que le salió costoso porque varios conductores de Uber le cancelaron el servicio al ver que no aparecía. Luego de casi media hora por fin un paciente conductor la encontró y la rescató de ese laberinto de puertas con letras y números. Ya instalada en el carro, parecía una niña de 5 años con su cabeza afuera en la ventana asombrada con cada paisaje urbano que veía. No pudo contener sus lágrimas y con un inglés bastante difícil de entender le empezó a contar a su chofer lo que para ella significaba este viaje.
Liudmila tenía apenas 21 años, un rostro de ángel y una mirada hechizante. Llevaba ahorrando desde los 16 para poder viajar a Estados Unidos, a pesar de toda la propaganda anti yanqui del gobierno y de las advertencias de su madre ella tenía muy claro que cuando cumpliera la mayoría de edad saldría del país con rumbo a América.
Gracias a su jefe pudo conseguir todos los documentos necesarios y planear su viaje. La noche antes de partir le contó a su madre, quien nada pudo hacer para evitar que su hija se embarcara hacia esa horrible tierra donde prostituyen a las jovencitas rusas y las secuestran para volverlas esclavas o sirvientas.
Los 17 minutos que duró el trayecto hasta el hotel ya fueron para Liudmila una recompensa suficiente. Su alegría la llevó a gritar: “Smells like freedom”

Andrei vestía esa tarde una camiseta del Real Madrid con el número 10 en su espalda y el nombre de James, unos jeans desgastados y unos tennis adidas. Cargaba un morral gris con negro y caminaba con prisa. Entró a la casa de empeño La Ideal y de su morral sacó dos celulares que le compraron sin mucho trámite por unos $600 dólares. Salió un poco agitado y de inmediato contactó por mensaje de texto a uno de sus proveedores. Un hombre latino lo recogió en un Toyota Yaris unos diez minutos más tarde y lo llevó hasta un lote por Opa Locka donde supuestamente funciona un taller de mecánica. La transacción la hicieron en la parte de atrás. Al salir de nuevo envió un mensaje de texto y unos 5 minutos más tarde un hombre negro lo estaba recogiendo en un Dodge Charger blanco. El recorrido duró más o menos dos horas y media. Visitaron Walmart, Whole Foods, dos pizzerias, un vapeshop, una tienda deportiva, un buffete chino y finalmente un L.A Fitness. Al parecer esta nueva mercancia se vendía rápido, por algo la llamaban “The touch of God”. Recibió una llamada de uno de sus mejores clientes que lo estaba esperando cerca de su aparmento en un parque en Sunny Isles. En cuestión de diez minutos llegó al lugar y realizó la última venta de la tarde. Había invertido $500 dólares y ya tenía en su bolsillo cerca de $1,500 dólares y apenas habia vendido tres cuartos de la mercancia.
Andrei vivía solo en un aparta estudio en Miami desde hace ya dos años. Su madre lo sacó de su casa en New York porque como no había pasado los examenes de ingreso a la universidad se la pasaba haciendo nada y viendo fútbol todo el día.
Lo mandó a Miami a que trabajara con su tío Antov que tiene un negocio de asbestos pero Andrei ya tenía otros planes. Trabajó con su tío un mes esperando que le aprobaran la aplacación para mudarse a su aparta estudio. Desde New York ya tenía sus contactos y aunque empezó moviendo pequeñas cantidades de mercancia en poco tiempo se convirtió en uno de los mejores expendedores de la zona que cubre desde Aventura hasta South Beach y toda la zona de Biscayne Boulevard. Su éxito radicaba en que no era el típico jibaro que por más que quisiera pasar desapercibido siempre se hacía notar. Conseguía sus clientes en fiestas, canchas sintéticas, gimnasios y por referidos. Le gustaba hacer sus entregas en lugares públicos y concurridos generalmente frecuentados por sus clientes de esa manera no levantaba sospecha alguna. No le gustaba manejar asi que siempre acudía a alguno de sus amigos para que lo transportara o incluso a los mismos clientes.
Caminó desde el parque hasta su aparta estudio. Comió algo de pizza, que había comprado en su recorrido, y se acostó a dormir porque en la noche tenía que ir a los clubs nocturnos a divertirse mientras terminaba de vender el cuarto de mercancia que tenia.


Nadezhda y Ekaterina se conocieron hace dos años, cuando llegaron a Miami a trabajar en la agencia de modelos del señor Kovarov. Las recogieron en limo y las llevaron a una casa hermosa ubicada en Hollywood Beach. Alli las ayudo a instalar Sergei y después las llevó a cenar. Al día siguiente irían a la agencia para firmar el contrato y empezar a trabajar. Esa noche mientras dormían sedadas, Sergei se apoderó de sus pasaportes y documentos de identidad. Al despertar ya no estaban en la misma casa suntuosa sino que las habían llevado a un apartamento en North Miami. Las reglas eran otras ahora. No había ningún contrato que firmar. Si querían sus pasaportes y su vida de regreso tenían que trabajar para el señor Kovarov por al menos dos años. Nada les faltaría. Sergei se encargaría de darles documentos de identidad con nuevos nombres y de tenerlas como unas reinas, siempre y cuando ellas cumplieran con su trabajo. Si trataban de huir o de denunciarlos los primeros en pagar las consecuencias serian sus familiares en Rusia, y finalmente ellas que terminarían como adictas callejeras abandonadas en otro Estado. Las dos jóvenes no opusieron mucha resistencia pues una de ellas ya tenía idea de lo que en realidad pasaría a su llegada y le había vendido la idea a la otra. No recibirían ningún pago en esos dos años a no ser las propinas que sus clientes les dejaran. Tendrían acceso a los mejores gimnasios, restaurantes, hoteles, almacenes, clubes privados, fiestas y eventos de interés en las zonas turísticas de South Beach. Ellas por su hermosura y porte, a diferencia de otras, no trabajarían en uno de los strip clubs propiedad del señor Kovarov, sino que serían damas de compañía de alto nivel que cualquier adinerado hombre podía tener por unas horas o por la noche completa, ya fuera porque pedían sus servicios a través de las redes del señor Kovarov o porque se conocieran en cualquiera de los sitios.


Las puertas del Club Story abren a las 11:00 pm y se cierran un poco más allá de las 5:00 am. Era un Sábado ya pasada la media noche y la larga fila para ingresar al club, que tendría la presentación de DJ Tiesto, obligó a la policia a cerrar parte de la calle. En la entrada VIP, estaban Nadezhda y Ekaterina junto a otro grupo de modelos del señor Kovarov que ya estaban agendadas. En la larga fila estaba Liudmila viviendo su fantasía. Unos metros más atrás estaba Andrei, haciendo algunas entregas mientras saludaba desprevenidamente a sus clientes en la fila. Cuando vio a Liudmila se quedó mudo por unos segundos contemplando ese rostro inocente y angelical lleno de extasis. Ella lo miró con eso ojos hechizantes y le dio la espalda. La fila avanzó un poco. Andrei se le acercó le dijo algo en ruso y la tomó de la mano sacándola de la fila. Ambos se dirigieron hasta la entrada VIP, donde Andrei saludo a uno de los guardias mientras le pasaba una dosis e ingresaba al lugar.

El ambiente era fabuloso, el club estaba a reventar. La música electrónica y las balarinas estilo circus extravaganza invitaban a dejarse llevar. Nadezhda y Ekaterina estaba en la super exclusiva zona VIP en una mesa con unos clientes alemanes. Andreí arrastraba a Liudmila quien estaba atónita ante el espectáculo. Llegaron a uno de los 5 bares del lugar y ordenaron unos tragos. No hablaban mucho, solo cruzaban sus miradas y de vez en cuando sonreian. Se fueron a bailar al piso principal mientras anunciaba la pronta presentacion de Dj Tiesto. Ambos estaban disfrutando al máximo. Desde la mesa, Ekaterina le hizo una seña a Andrei para que se acercara. El la ignoró porque no quería dejar a Liudmila y porque ya tenia tres pares de dosis que seguro no le alcanzarían para satisfacer el pedido de la modelo. Pasaron unos minutos hasta que Sergei se acerco donde Andrei y lo invito a ir hasta la mesa. Le apretó la mano a Liudmila y se abrieron paso entre el mar rítmico de gente.

Al llegar a la mesa Ekaterina saludo a Andrei sin quitarle la mirada de encima a Liudmila, ese rostro de ángel y su mirada hechizante era justo lo que necesitaban para cerrar el trato con el señor Kovarov y recuperar su libertad. Cuando Andrei la fue a saludar ella le susurró algo a uno de los alemanes y de inmediato dijo que la fiesta seguía en otro lugar y que ellos estaban invitados. Le hizo una señal a Sergei y fueron saliendo sin mucha prisa.

El viaje hasta el Hilton Bentley fue muy corto. Desde el garage tomaron el ascensor hasta el penthouse. Era una fiesta muy privada tan solo estaban los dos alemanes las tres mujeres, Andrei y Sergei. Al llegar Nadezhda se llevó a Andrei hasta el bar para servir los tragos y Ekaterina se llevó a Liudmila al living room mientras Sergei terminaba de instalar a los alemanes.
Liudmila y Ekaterina hablaron en ruso, se rieron, se hicieron amigas. Nadezhda le pidió a Andreí que sacara la droga para comenzar la fiesta. Se la entregó a Ekaterina quien les repartió una dosis a cada uno. Liudmila dudo un poco pero al final la acepto. Casi que como tomandose un trago de vodka cada uno se metió su pase mientras cerraban los ojos. Las pupilas se empezaron a dilatar y el corazón a latir más rápido. El embate de adrenalina los puso eufóricos hasta dejarlos en éxtasis. Bailaron sintiendo que flotaban, se rieron a carcajadas, alucinaron y sintieron que ese toque de Dios los llevaba al cielo.

Por más influencias que el señor Kovarov tuviera, el escándalo no se pudo evitar.
A las fueras del hotel en el parqueadero de Nikki Beach se apostaron los camiones de los noticieros. La zona había sido acordonada.

Estamos en vivo desde el Hotel Hilton Bentley donde en la madrugada en hechos aún confusos una joven mujer rusa asesinó brutalmente a dos inversionistas alemanes, dos modelos y a un joven comerciante en el penthouse del reconocido hotel de South Beach. Luego del terrible hecho la mujer se lanzó desde el balcón en lo que algunos testigos describieron como el vuelo de un ángel. Aún las autoridades no han dado ninguna declaración oficial pues todavía se considera una escena del crimen activa. Sigan ustedes en estudio.”

Sergei lo vio todo, pero no dijo nada. Mientras era interrogado en la estación de policía guardó silencio, incluso teniendo un intérprete. Al terminar el interrogatorio, se acercó al intérprete y le dijo en ruso:

Era Pavlichenko, lo hizo igual que en Crimea y Odessa, el ángel de la muerte estuvo aquí.”